Opinión

Cuando en 1986 se produjo la caída de la dictadura de los Duvalier, que había gobernado Haití durante 28 años, muchos pensamos que ese país se encaminaría a la construcción y consolidación de un proceso democrático que traería consigo estabilidad política y crecimiento económico. Desde la República Dominicana, que soportó 31 años de dictadura trujillista y que luego logró desarrollar su democracia con estabilidad política y económica, se esperaba que algo similar se repitiera en la patria de Toussaint Louverture.

Pero no ha sido así. Como se señala en un reciente trabajo publicado en la revista Nueva Sociedad, titulado Radiografía de la crisis haitiana, “desde 1986 hasta la fecha actual, en Haití ha habido ocho golpes de Estado, 34 cambios de gobierno (por cambio de primer ministro), cinco elecciones abortadas, tres intervenciones militares extranjeras y cinco misiones de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) para la estabilidad y la paz”.

Si lo anterior nos da una imagen de lo ocurrido en el terreno político, el desastre no ha sido menor en el área económica. Entre 1986 y 2018, la producción per cápita haitiana, medida en paridad de poder de compra, se redujo de 2,206 dólares a 1,657 dólares, lo que significa que hoy la producción per cápita de Haití es un 25% menor que en 1986. En los 32 años transcurrido desde la caída de la dictadura duvalierista, el crecimiento per cápita haitiano fue negativo en 0.9%.

Hoy, Haití vive una crisis política, económica y social que, para muchos, no tiene precedentes. En los primeros días de junio de 2018, el gobierno intentó aumentar el precio de la gasolina, lo que produjo una violenta ola de protesta en todo el país que duró tres días y que obligó al gobierno a retirar la medida. Sin embargo, no valió que el primer ministro Jacques Guy Lafontant renunciara a su puesto para disminuir la tensión que se había generado. La acumulación de frustraciones en Haití ha sido tan grande que el aumento del precio de la gasolina detonó una crisis que sacó a flote los turbios manejos de los fondos de PETROCARIBE. Esa crisis dura hasta hoy y mantiene el país al borde del colapso total.

Las protestas y los bloqueos están desintegrando la pobre economía haitiana. El Fondo Monetario Internacional proyecta un crecimiento negativo de la economía (-1.2%) para el presente año.

Si la situación no cambia, Haití se seguirá deteriorando, lo que no solo perjudicará al pueblo haitiano sino también tendrá efectos negativos sobre la seguridad nacional de República Dominicana y otros países de nuestro entorno. Por eso, debemos promover y participar de cualquier esfuerzo de la comunidad internacional por detener las crisis políticas de Haití, terminar con la inestabilidad y restablecer la seguridad en el país. Urge lograr un gran acuerdo de la sociedad haitiana para producir las reformas políticas, económicas y sociales necesarias para sacar el país del secular estancamiento en que se encuentra.

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