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Al cambio de época y su impacto en ámbitos de la sociedad en general y la Iglesia católica en particular, se refirió hoy el papa Francisco en su saludo de Navidad a la Curia Romana.

En su tradicional discurso navideño ante los representantes de los órganos encargados de la coordinación y gestión de la actividad de la Santa Sede, el sumo pontífice afirmó que «la que estamos viviendo no es una época de cambios, sino un cambio de época», en la cual las transformaciones dejaron de ser lineales.

Francisco precisó que en estas circunstancias, los cambios constituyen las decisiones que transforman rápidamente el modo de vivir, relacionarse, comunicar y elaborar el pensamiento, «relacionarse entre las generaciones humanas y comprender y vivir la fe y la ciencia».

Alertó, asimismo, que con frecuencia se vive el cambio sólo mediante el uso de un nuevo vestido para seguir siendo como se era antes en realidad y en ese contexto recordó la célebre frase de Giuseppe Tomasi di Lampedusa en El Gatopardo: «Si queremos que todo siga como está, es necesario que todo cambie».

A partir de ahí, centró su exposición en la evangelización, la cual calificó de «corazón de la reforma» de la iglesia y se refirió especialmente a las congregaciones para la Doctrina de la Fe y la Evangelización de los Pueblos y los departamentos de Comunicación y para el Servicio de Desarrollo Humano Integral.

Tras reconocer que «ya no somos los únicos que producimos cultura, ni los primeros, ni los más escuchados», el Papa dijo que la fe cristiana, «especialmente en Europa, pero también en gran parte de Occidente», no constituye más un presupuesto obvio de la vida en comunidad, sino a menudo negada, marginada y ridiculizada.

En cuanto a la comunicación, el pontífice instó a «vivir en una cultura ampliamente digitalizada con impactos muy profundos sobre la noción del tiempo y del espacio, de la percepción de sí, de los demás y del mundo, de los modos de comunicar, de aprender, informarse, entrar en relación con los demás».

Puntualizó, asimismo, que en «la nueva cultura marcada por factores de convergencia y multimedialidad», la Santa Sede necesita una respuesta adecuada en el ámbito de la comunicación.

Al abordar al desarrollo humano integral, se refirió al servicio a «los más débiles y marginados, en particular los migrantes forzados que representan en este momento un grito en el desierto de nuestra humanidad».

La iglesia -acotó Francisco- está llamada a recordarle a todos que no se trata sólo de cuestiones sociales o migratorias, sino de personas humanas, de hermanos y hermanas que hoy son el símbolo de todos los descartados de la sociedad globalizada.

A manera de conclusión, el pontífice subrayó que la Curia Romana no puede ser un cuerpo distanciado de la realidad, «aunque el riesgo está siempre presente», sino que es concebida y vivida «en el hoy del camino recorrido por los hombres y mujeres en la lógica del cambio de época.

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