Medio Ambiente

El suelo, un recurso en constante amenaza

El suelo es un elemento fundamental para la vida, es tan generoso como frágil y delicado, pero en constante amenaza pues se calcula que alrededor del 17 por ciento está degradado.

Tal aseveración del Centro Internacional de Referencia e Información en Suelos confirma que, en la actualidad, el suelo es un recurso natural gravemente dañado a pesar de que purifica, da soporte, nutrientes y agua a las plantas que crecen en cualquier selva, zona árida, bosque, matorral, pastizal y manglar.

Más de 24 billones (mil millones) de toneladas de suelo fértil desaparecen cada año. Hoy en día dos tercios de la Tierra están en proceso de desertificación, y si no se adoptan medidas, en 2050 se perderá un millón y medio de kilómetros cuadrados de tierras agrícolas.

En la actualidad los expertos consideran al suelo fértil y saludable un recurso muy escaso y no renovable, ya que la naturaleza requiere cientos de años para formar esta capa, que es la piel del planeta.

Se estima que 43 por ciento de la degradación del suelo en el mundo sucede en áreas forestales y casi siempre es consecuencia de actividades humanas como la producción agropecuaria, la cual genera erosión, desertificación, contaminación, compactación, acidificación, salinización, urbanización, pérdida de fertilidad, y condiciona directamente el cambio climático.

Según las previsiones demográficas mundiales presentadas en 2019 por las Naciones Unidas, la población mundial aumentará de siete mil 700 millones de personas este año a nueve mil 700 millones en 2050.

Dicha superpoblación, unida a la sobreexplotación de los recursos naturales y a la contaminación y los residuos generados en la producción de bienes de consumo, está causando importantes manifestaciones ambientales negativas. Además, pone en peligro la sostenibilidad de dichos recursos.

La población no solo está experimentando un gran crecimiento, sino también una variación significativa de sus características. Se trata de una población cada vez más urbana, con una desigual distribución de la riqueza, con un creciente y exacerbado consumismo propiciado por el sistema económico, que da lugar a patrones de consumo y producción insostenibles.

Un valioso recurso natural

El suelo es un recurso finito, lo que significa que su pérdida y degradación no es recuperable en el transcurso de una vida humana. De él dependen los alimentos y el agua que se consumen, al aire que se respira, la salud humana y la de todos los organismos vivos.

De hecho, se calcula que el 95 por ciento de los alimentos se producen directa o indirectamente en los suelos. Por ello, sanos son la clave para la seguridad alimentaria y para un futuro sostenible.

La Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) los calificó como uno de los recursos naturales más valiosos y el puente entre lo inanimado y lo vivo.

Los suelos sanos son más resistentes a los peligros relacionados con el clima y menos propensos a la erosión causada por fenómenos meteorológicos extremos, además favorecen el crecimiento saludable de las plantas que contribuyen a la fijación del carbono de la atmósfera.

Precisamente una de las consecuencias del crecimiento exponencial de la población mundial es la correspondiente demanda de alimento. Se calcula que aumente un 50 por ciento hasta 2050, lo que se traduce en la expansión del área cultivada y la intensificación de su uso para la obtención de comida.

Cuidar las tierras para que sean lo suficientemente productivas y satisfagan la demanda de 10 mil millones de personas en ese mismo año, es prioritario en el afán de la humanidad de proteger al Planeta del cambio climático

La Comisión Europea considera que en la actualidad la agricultura utiliza el 11 por ciento de la superficie terrestre del mundo para la producción de cultivos y un 70 por cientode toda el agua extraída de los acuíferos, arroyos y lagos, cifras que pueden dar idea de la dimensión futura de la explotación de estos recursos.

Además, en la medida que se incrementen la población humana, una gran parte del planeta es vulnerable a la desertificación. Según Naciones Unidas, en torno a 12 millones de hectáreas de tierra se pierden al año a causa de la sequía y la desertificación.

Para la Convención de las Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación (UNCCD), esta degradación es una acción combinada de las condiciones y variaciones climáticas y las actividades del hombre responsables de la sobreexplotación de la tierra, la deforestación, la intensificación agrícola y el sobrepastoreo.

Todo ello da lugar a una serie de procesos que inducen a la pérdida de productividad de las tierras. Actualmente, las tierras áridas son el hogar de un 38 por ciento de la población mundial. Ocupan en torno al 40 por ciento de la superficie terrestre y cuentan con las tasas de crecimiento de población más altas del mundo.

Es así que la humanidad está frente al paradigma de la desertificación: el mayor crecimiento demográfico se producirá en los países con las tierras menos productivas y fértiles -como África Occidental-, lo que conducirá a un aumento de la desertificación y con ello, de la pobreza y la falta de alimentos.

Ante ese escenario el pasado lunes 17 se celebró el Día Mundial de Lucha contra la Desertificación y la Sequía, bajo el lema Alimentos, Forrajes, Fibra, y centrado en cambiar la principal causa de ese fenómeno: la producción y el consumo incesantes.

El empeño estuvo en concienciar acerca de las iniciativas internacionales para combatir estos eventos que degradan las tierras, por lo que la fecha brindó una oportunidad única para recordar que se puede neutralizar con una firme participación de la comunidad y la cooperación a todos los niveles en aras de un desarrollo sostenible.

Para la UNCCD el efecto final es que la tierra se está transformando y degradando a un ritmo insostenible, lo que daña la producción, los ecosistemas y la biodiversidad.

Ello representa un grave problema para la economía y el desarrollo de los pueblos, donde la producción agrícola representan fuentes de ingresos para que las personas de bajos recursos lleven el sustento a sus hogares.

Mientras tanto, la salud y la productividad de la tierra cultivable disminuyen en un declive empeorado por el cambio climático.

Razones más que suficientes para que se impulsen políticas de estado que ayuden a neutralizar la degradación de los suelos. ( Cira Rodríguez Césa. Prensa Latina)

Noticias Relacionadas