Opinión

Así se expresó Pedro Henríquez Ureña acerca de la profundidad del ideal de Salomé Ureña, su madre:
La preocupación patriótica llegó a sobreponerse a toda otra idea en el espíritu de la joven poetisa: la literatura fue para ella consideración secundaria junto al deseo de hacer llegar su prédica a la conciencia de toda la nación. Servir fue para ella, como para el poeta griego, la aspiración única. (Pedro Henríquez Ureña, Salomé Ureña de Henríquez, en Obras completas, t. II, Santo Domingo, Editora Universal, 2003, pp. 111-112; publicación de la Secretaría de Estado de Cultura y Editora Nacional).

En esa misma óptica Pedro proclama:
El ideal de justicia está antes que el ideal de cultura: es superior el hombre apasionado de justicia al que solo aspira a su propia perfección intelectual.

Al reflexionar sobre la obra educativa de Hostos y de Salomé durante la dictadura de Ulises Heureaux, observó, también en Patria de la justicia (pág.460).

…la prédica y la fundación de escuelas, con Hostos y Salomé; en aquellas tierras invadidas por la cizaña, rendían frutos escasos; pero ellos nos dan la fe ¡no hay que desesperar de ningún pueblo mientras haya en él diez hombres justos que busquen el bien!

Posiblemente, la enrarecida conflictividad política y social de entonces afectó más al maestro Hostos que sus quebrantos de salud. Es lo que se infiere de las palabras de Pedro, a raíz de su fallecimiento.

Sobrevinieron trastornos políticos, tomó el país aspecto caótico, y Hostos murió de enfermedad brevísima, al parecer ligera. Murió de asfixia moral.

También Pedro vivió muchas etapas de dificultades, independientemente de su fe en el porvenir. ¿Tendría, también como el maestro, sus momentos de asfixia moral? Nacido el 29 de junio 1884, en Santo Domingo, la muerte le sorprendió en Buenos Aires, el 11 de mayo de 1946:

“Apresuradamente se encaminó a la estación de ferrocarril que había de conducirlo a La Plata –narra su hermano Marx-. Llegó al andén cuando el tren arrancaba, y corrió para alcanzarlo. Logró subir al tren. Un compañero, el profesor Cortina, le hizo seña de que había a su lado un puesto vacío. Cuando iba a ocuparlo, se desplomó sobre el asiento. Inquieto Cortina, al oír su respiración afanosa, lo sacudió preguntándole qué le ocurría. Al no obtener respuesta, dio la voz de alarma. Un profesor de medicina que iba en el tren lo examinó, y con gesto de impotencia, diagnosticó su muerte.

Así murió Pedro: camino de su cátedra, siempre en función de maestro”.
(M. Henríquez Ureña, Hermano y maestro – Recuerdos de infancia y juventud – en presencia de Pedro Henríquez Ureña. 1ra. Edición, Santo Domingo, Editorial Ciguapa, 2001, pp.44-45; compiladores: Jorge Tena Reyes y Tomás Castro Burdiez).

De la tríada fecunda, solo Pedro trató personalmente a Hostos y a Bosch. Henríquez Ureña y Bosch se relacionaron como amigos e intelectuales. Ambos asistían a la peña literaria que se celebraba en el Café Paliza, de la calle El Conde, durante la breve estancia de Henríquez Ureña en Santo Domingo (1931-1933) como Superintendente de Enseñanza. Pedro había pedido a Bosch cuentos suyos para enviarlos a revistas latinoamericanas del prestigio de Repertorio Americano, que se publicada en San José, Costa Rica; además, en Santo Domingo y también desde Argentina, le dio importantes consejos literarios.

Bosch refiere como recibió la instrucción de Henríquez Ureña:
“A mí me impresionaba que un maestro de su categoría se tomara el trabajo de dirigirme a tanta distancia en una actividad como la literatura y en la especialidad del cuento que, para esos años, no podía desarrollarse de manera cabal en una sociedad tan elemental como la nuestra. (…)”(Juan Bosch, Evocación de Pedro Henríquez Ureña en suplemento Isla Abierta, periódico Hoy, Santo Domingo, 30 de junio, 1984, pp. 36 y 37; aparece también en su libro Textos culturales y literarios, 4ta. Edición, Santo Domingo, Editora Alfa & Omega, 1999, pp.111-112).

ay vínculos que pudieron tener repercusión en el accionar político de Bosch. Fue Enrique Cotubanamá Henríquez Lauranzon, hermano de Pedro, quien expresó la necesidad de formar el Partido Revolucionario Dominicano, para enfrentar la dictadura de Rafael Trujillo y contactó para ese proyecto al entonces conocido escritor Juan Bosch. Recuerda que:

“Entre las cosas que dijo la que me impresionó fue su oferta de escribir todo lo que se refiera a la base ideológica o doctrinaria del Partido Revolucionario Dominicano”. (Juan Bosch. El PLD, un partido nuevo en América, 3ra. Edición, Santo Domingo, Editora Alfa & Omega, 1999, pp.11-13).

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