Opinión

Sergi Forcadell escribe: “ Lechucidio o eliminación de lechuzas

LO DEDICO A LA POETA GOYTA RUBIO, LECHUCISTA EMPEDERNIDA, QUE TAMBIÉN CONSIDERA BELLAS A LAS FEAS LECHUZAS

Mi estimado amigo publicista y mercadólogo domínico-catalán Sergi Forcadell Feliú me envía su artículo acompañado de este mensaje: “Juan Freddy: Perdona que “me meta” por este “responder”-no sé como hacerlo de manera normal- para enviarte un artículo escrito hace unos once o doce años, cuando murieron unas lechuzas que estaban manipulando. Esto en relación a tu excelente artículo que ya te comenté”.

Se refiere a mi escrito que pueden encontrar en este enlace: https://hoy.com.do/alerta-la-humanidad-prefiere-representarse-con-simbolos-brutos-y-brutales/?fbclid=IwAR0JDt7Y45G9mRovegeYbbALBtP5o3927Oogsblj5

Le agradezco distinguirme con este aporte, además de leer mis escritos y comentarlos.

EL ARTÍCULO:

“Aquí, en este patio tan curioso donde vivimos el día a día en un permanente avatar, con o sin nuestra Zoé Saldaña, aplica como nunca ese dicho de «Cuando no es Juan es Juana, y si no su prima hermana», porque no paramos de recibir escándalos o noticiones que nos quitan el sosiego o incentivan el arte social de chismear. Que si se llevaron no se sabe cuántos millones de aquí o de allí, que si no se sometieron estos o aquellos préstamos al Congreso, que si un soborno más grande que una catedral, que si soltaron al malandro y la malandra de la década para después buscarlos hasta por los centros espiritistas… y así un rosario de sobresaltos más largo que un día sin pan.

Ahora está la muerte de unas lechuzas, bien sea por traslado, impericia o por simple causalidad natural, el tema que ocupa de manera poco usual buenos espacios en los medios de comunicación. Ya era hora de que un crimen contra la fauna nos interesara más, aunque fuera por unas horas o días, que las trapisondas y monerías de nuestros políticos y personajes.

La lechuza, esa ave de belleza increíble, de cara plana y mirada hipnotizadora, es también por desgracia una criatura marcada con la mala suerte. Por su aspecto fantasmal, vida nocturna y solitaria, ha sido asociada siempre a lo maligno. Los romanos la conocían como strix, el mismo nombre con que denominaban a las brujas. En toda la Europa medieval y durante la Inglaterra isabelina las lechuzas eran símbolos de pájaros de mal agüero, asociadas a las prácticas de hechicería y las fuerzas ocultas. Su grito agudo presagiaba la muerte y su vuelo, en extremo silencioso, se confundía con el de los malos espíritus.

Debido a todas esas creencias absurdas ha sido perseguida, cazada y matada por gentes incultas y supersticiosas durante siglos, hasta que hace muy poco, los naturalistas, esos señores que van cámara en mano metiéndose en la cueva de los osos, en las madrigueras de las mangostas y hasta en el mismo vientre de las ballenas embarazadas, descubrieron que la lechuza es un ave más buena que un pan recién horneado con mantequilla, porque come pizza de ratones, hamburguesa de ratones, sándwich de ratones, y como delicado postre, quesillo de ratones, aportando así un beneficio inestimable a los campos, controlando con su dieta un tanto repugnante para nosotros a esos perjudiciales roedores, por lo que les debemos un merecidísimo desagravio, es más, un homenaje, una condecoración con banda y collar y hasta el nombre de una avenida.

Todavía en su defensa y conocimiento aún hay mucho por hacer, como decía aquel pasado presidente. El que por las causas anteriormente citadas muriesen, seis, siete, ocho ejemplares, los que sean, es una desgracia que alcanza el grado de lechucidio o matanza de lechuzas, e inclusive el de lechucausto -holocausto de esa especie – por ser un animal en franca extinción, y por lo tanto cada ejemplar se convierte en un auténtico tesoro del que no se le puede despojar graciosamente a la madre naturaleza. El suceso debe ser investigado hasta las últimas consecuencias, pero de verdad, no como se dice siempre para caer en el olvido anunciado de una comisión. Hay dos versiones del hecho, una acusa y otra defiende. Tal vez un jurado naturalista, imparcial, traído de fuera, pueda determinar lo que sucedió y así tomar responsabilidades en caso de fallo humano o aplicar mejores técnicas de cuidado si fuere preciso.

Las lechuzas, como los préstamos excesivos, la cesión de los derechos mineros, el manejo de los fondos de pensiones y otros tantos asuntos, también deben ser objeto de nuestro interés. Por tantas injusticias y barbaridades en su contra, se lo debemos”.

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