Opinión

Noviembre, luto eterno

Este es el penúltimo mes del año y siempre hemos recordado, en la medida que las circunstancias lo han permitido dos crímenes inolvidables que se llevaron a cabo y fueron ejecutados en el escenario físico de la Patria nuestra, que es un pueblo que ha dado extraordinarias demostraciones de valentía, frente a numerosas invasiones de los que fueron en pasados procesos de la historia, tropas militares de las naciones más poderosas del mundo.

El primero de esos crímenes, fue cometido el 5 de noviembre de 1864, con el fusilamiento de José Antonio Salcedo (alias) Pepillo Salcedo: Primer presidente del Gobierno de ¨La Restauración de la República¨, que hemos calificado siempre, que conmovió toda la región del Caribe, como la “Gran Epopeya del Pueblo Dominicano”.

Pepillo Salcedo tuvo la honra de ser el primero y el más espontáneamente elegido, de los tres que se sucedieron en el período de la Guerra Restauradora; con la mayor actividad y celo patriótico, dirigió la campaña y donde hubo deficiencia y peligro de fracaso, acudió personalmente a suplir la falta o mantener en alto la moral del soldado. Paraba más en campaña que en el despacho de Santiago.

El día de su muerte fue fusilado en la playa de Maimón, en Puerto Plata, por órdenes de Gaspar Polanco, práctico militar de toda la región, analfabeto, que se había destacado en el cerco de Santiago en lucha contra los españoles.

Salcedo fue apresado y Gregorio Luperón recibió el encargo de custodiarle a la frontera y ponerle en manos de las autoridades haitianas. Los haitianos no quisieron recibirlo aunque apoyaban a los dominicanos en su lucha por la soberanía.

No tuvo ningún gesto visible de protesta o de temor y encargó a un joven adolescente, que formaba parte del pelotón de fusilamiento, que se llamaba Ulises Heureaux, (alias) Lilís, a quien hizo encargo para su esposa, que residía en Guayubín.

El otro crimen pavoroso, que no tiene ninguna explicación, ocurrió el 25 de noviembre de 1960: ese crimen fue la muerte de tres jóvenes mujeres y de su compañero y amigo, que conducía el vehículo en que viajaban, precisamente en esa región de Puerto Plata, en un acto que fue ordenado personalmente por Rafael Trujillo Molina: Patria, Minerva, y María Teresa Mirabal y su amigo y compañero Rufino Martínez, que conducía el vehículo en que regresaban a su hogar en Salcedo, después de haber visitado a los esposos de Patria y Minerva, que se encontraban detenidos en la cárcel del ¨Fuerte de San Felipe¨ en la ciudad de Puerto Plata. Un crimen de esa magnitud, no podía ejecutarse en nuestro país durante la dictadura asesina, intolerante y represiva de Rafael Trujillo Molina, si no era autorizada por el mismo personaje que dirigía los destinos de la nación.

El autor de esta columna, tiene en su poder el expediente que se redacto en varios tomos, por el asesinato de las hermanas Mirabal; expediente que fue confeccionado por Ambiorix Díaz Estrella que era en esos momento, Juez de Instrucción del Tribunal de Primera Instancia de Santiago. Ambiorix Díaz fue años después un destacado político, militante del Partido Revolucionario Dominicano y hombre estimado y respetado por Juan Bosch.

Fue compañero del autor de esta columna y amigo afectivo, quien puso en nuestras manos ese doloroso e inolvidable expediente. ¡Luto eterno, por José Antonio Salcedo (alias) Pepillo, Patria, Minerva y María Teresa Mirabal, y Rufino Martínez, que manifestaron siempre un profundo e invariable amor a nuestra patria!

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