Opinión

Réquiem por Henry Pimentel

Que nadie nos pida que le perdonemos al coronavirus la millonaria cifra de muertes que le ha causado a la humanidad.

Tampoco que ignoremos los otros tantos fallecimientos a los que indirectamente ha contribuido la actual pandemia. Entre tantos y tantos decesos hay uno que otro capaz de dejarnos incapaces de articular el pensamiento para expresar el dolor y la pena que nos embarga.

Tal es el caso del amigo Henry Pimentel. Para su despedida hacia el eterno infinito cósmico podríamos valernos de un cantautor argentino que ya habita ese territorio. Me refiero a Alberto Cortez, quien escribió: “Cuando un amigo se va, / queda un tizón encendido/ Que no se puede apagar/ Ni con las aguas de un río…”

Con Henry en su rol como entrevistador participé en varias ocasiones para tratar temas relacionados con la Patología Forense y su importancia en la investigación médico legal. Seguía con entusiasmo las series televisivas de análisis de crímenes famosos y cada vez que había en la palestra pública algún caso sobre el cual existiera todo un telón de dudas entonces solía invitarme para comentar alrededor del mismo.

Recuerdo una nefasta ocasión en que me enfrentaba a ciertos poderes fácticos gubernamentales defendiendo la independencia del perito forense en el análisis científico de una muerte violenta.

Llegué al estudio de grabación cerca del anochecer para realizar la entrevista que sería llevada al aire tres horas más tarde.

Con rostro algo angustiado hubo de confesar su preocupación y molestia por una llamada que recibiera de un alto funcionario en donde le conminaba a no entrevistarme sobre tema alguno que tuviera relación con el ministerio público.

Me aseguró de que en ninguna circunstancia se doblegaría ante el pedido de censura y que me convocaría a opinar tantas veces entendiera que nuestra opinión como perito ayudara a que la población se educara en la temática forense.

En realidad, se trató de una sistemática, aunque fugaz campaña de intimidación pues luego otros dueños de espacios televisivos se expresaran en términos similares.

El hoy extinto y destacado profesional de la palabra honró su compromiso de caballero; periódicamente me llamaba directamente para solicitar mi presencia en su programa a los fines de opinar libremente sobre materia forense en uno que otro caso presente en la palestra pública del momento.

Henry se distinguió por su afabilidad, sinceridad en el semblante, franqueza, seguridad y confiabilidad en su sano pensamiento. Siempre irradiaba cordialidad y honestidad en la mirada lo que hacía que el entrevistado se sintiera en familia con un amigo de verdad.

Hablamos en ocasiones acerca del fenómeno de la muerte; lejos estábamos de pensar que tales juicios aplicarían en el corto plazo al entrevistador.

El amigo, maestro entrevistador ha dejado impregnado en su testamento un sello singular de originalidad y de humildad.

Vayan para su familia y allegados nuestras más sentidas condolencias y manifestaciones de solidaridad con sus pesares a través de esta vía de comunicación. Me hubiese gustado haber podido hacerlo de un modo físicamente más directo; desafortunadamente razones de peso sanitario por la pandemia nos obligan a un comportamiento restrictivo.

Henry, hermano: tu tránsito por la vida terrenal dejó huellas y abrió surcos en los que sembraste la semilla de donde seguirá creciendo el frondoso árbol de amor por la verdad, la seguridad y el bienestar colectivo de tu pueblo, al que tanto informaste y orientaste con arte y sapiencia.

Henry se distinguió por su afabilidad, sinceridad en el semblante,franqueza, seguridad y confiabilidad.

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