Opinión

Dos excelentísimos poemas eróticos de largo aliento

“SINFONÍA EN MIEDO MAYOR” Y “GÉNESIS DE LOS MULATOS”

Entro en la recta final que cierra estos diez artículos sobre los dos textos de Manuel Mora Serrano. Con este último, doy término al análisis del poema homónimo del libro que contiene ambas piezas: “Sinfonía en Miedo Mayor”.

Reseñaré las tres restantes cualidades, entre las ocho que observo en el mismo.

Sexta: claridad compleja en los tropos. Realiza un juego creativo que entrecruza un barroco expresivo con un simbolismo que sugiere sin perder nitidez. Posee una sutilidad combinada a la forma violentamente cruda del romanticismo inglés: terrenal y agresivo, al tiempo que celestial y tierno.

Esas metáforas muestran las riquezas encontradas en esos y otros movimientos literarios históricos. Evidentemente, también asimiló las lecciones de surrealistas, sometiendo a uno u otro a su personalidad escritural propia, con su particular manejo en la aventura poética de conducir al lector por el camino de su buen gusto.

PRINCIPALÍA SEXUAL FEMENINA Y…

“MÁS GANA EL MACHO POR VIEJO QUE POR MACHO”

Séptima: protagonismo sexual femenino. Esa característica aparece también en el poema que primeramente comenté: “Génesis de los Mulatos”. Es la creativa idea de que la fémina sea protagonista del proceso amatorio, y el hombre su esclavo. Un rompimiento de los viejos roles del macho actor y la hembra receptora.

En la erótica moraserránica, la mujer es ley, batuta y constitución.

¿A qué se debe esta actitud del poeta? Si fuésemos a buscar causas, podríamos barruntar, en primer lugar, la edad de quien escribe y hace el amor. Podríamos suponer que al bardo sus años no le permiten darse el lujo de querer ser trueno, lluvia, relámpago, viento, granizos.

Por eso se siente la imprecación de una especie de walkirio nórdico que muestra la habilidosa valentía de pedir auxilio para precipitarse al libidinoso abismo:

“¿Qué hago ahora que te tengo desnuda ante mis ojos?

¿Cómo iniciar? ¡Iníciame de amor, maestra de ternuras!

¿Puedo besar primero las uñas de tus pies?

¿Puedo poner las manos sobre el lunar del vientre?

¿Me dejas que te mire y que muera mirándote?”.

No obstante, el hombre de edad tiene la ventaja de la veteranía que le da conocer mejor su cuerpo, su psiquis. Tiene más capacidad de auto-observación que el joven, en quien su cuerpo es como un bestia loba, agresiva, que no conoce ni domina sus fuerzas. El adulto mayor tiene muy desarrollada la experiencia que le permite calcular cuándo y cómo sacar el máximo provecho a sus limitados furores pasionales, y así multiplicar resultados. Cuando los ímpetus físicos están agotándose, renacen si son reforzados por el dominio espiritual, las mañas de la mente y los trucos del cerebro. En definitiva, este es el real protagonista de lo erótico y principal órgano sexual.

LAS GRANDES LECTURAS SUENAN EN LA ESCRITURA

Octava: ventajosas influencias. La otra cualidad que hallo en esta lectura de la “Sinfonía en Miedo Mayor” es el telón de fondo de las exquisitas lecturas de Manuel Mora Serrano. Los mejores escritores, que nos quedan en el inconsciente y el consciente como una atmósfera que se cuela por la piel del poeta con su frío o calor de fondo y forma.

Me refiero a cómo le retumban sus antecesores. En toda obra y autor laten siempre los maestros que nos marcan para siempre con su impronta creadora.

A mi juicio, quien más influye en el poema “Génesis de los Mulatos” es Tomás Hernández Franco, de “Yelidá”, cuya lectura pudo haber inspirado el poema. Mientras en esta “Sinfonía en Miedo Mayor” andan los fantasmas de Huidobro, Vallejo, Blanca Varela, entre otros.

Pero mayormente influyen dos. Uno, el más grande poeta de todos los tiempos en Estados Unidos: Walt Whitman, el hijo de Mannahatta. El otro, Alvaro de Campos, ardiente heterónimo del universal portugués Fernando Pessoa, de Lisboa. Maestros del extenso poema intenso. Están en los largos versos, ritmos, fraseos, el tropo crudo y contrastante.

Estas sombras magistrales no le restan al poema. Suman, porque Mora Serrano los recrea y somete a su propio estilo.

“¿Querías un lugar para esconder tus vergüenzas?

He aquí mis brazos. He aquí mi pecho, limpio de promesas,

aseado de sueños, construido para contener tus lágrimas.

¡Solo el amor limpia por su vocación de agua!

Pero he aquí que tienes miedo tú también,

[aunque eres poderosa”.

Gracias, Manuel Mora Serrano, por darles a nuestras letras estos emblemáticos poemas fundamentales.

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