Hablan los hechos

La desconfianza empuja al incumplimiento de las medidas sanitarias

El Ministerio de Salud Pública reportó 1, 045 nuevos casos en el boletín 295 de la Dirección General de Epidemiología, dado a conocer el viernes 8 de enero.

Al día siguiente, sábado, República Dominicana reportó un nuevo récord de contagios diarios de Covid-19, al llegar a los dos (2) mil 106 casos.

El domingo se informó de 1,459 nuevos contagios y cuatro defunciones por Covid-19, en el boletín 297, con la aclaración, que se ha hecho cliché, de que ninguna defunción ocurrió en las últimas 24 horas.

La sumatoria nos da 4,610 casos positivos en apenas tres días (viernes, sábado y domingo), cifra escandalosa que confirma un rebrote del virus que las autoridades, después de mucho desmentido, han tenido que admitir.

Las cifras que aparecen en el boletín número 297 de la Dirección General de Epidemiología reflejan 41,122 casos activos, es decir personas con el virus, con síntomas o asintomáticos, quienes se encuentran en sus casas o atendidos en los hospitales, un gran foco de multiplicación de la virosis.

En el mismo boletín del domingo 10 de enero se dice que la tasa de positividad de las últimas cuatro semanas es de 19.62 % y la diaria de 29.58 %, es decir que de cada cien personas a las que se les hace la prueba en el formato PCR treinta salen positivas.

En el país hay disponibilidad de 2,625 camas para pacientes de COVID, de las cuales 1,205 están ocupadas (46%) y de 517 camas en las unidades de cuidados intensivos hay 302 ocupadas (60%), un dato para profundizar la preocupación.

El aumento de los reportes de nuevas infecciones y muertes no es exclusivo de República Dominicana; es un fenómeno mundial que la Organización Mundial de la Salud atribuye, en primer lugar, a los comportamientos individuales y al hecho de que en las últimas semanas las sociedades de muchos países no están cumpliendo con las recomendaciones que las autoridades sanitarias están dando.

En el caso particular de nuestro país, el incumplimiento de las encomiendas de parte de la población en gran medida se debe a la desconfianza en las autoridades, que asumieron el control del Gobierno poniendo en duda la efectividad de las disposiciones de las pasadas autoridades, llegando a calificar de fábula la pandemia del Covid-19.

La incredulidad se ha acentuado en la forma de dar a conocer las estadísticas. Las dificultades presentadas por pacientes de Covid-19 para obtener camas en centros médicos se contraponen con las estadísticas de disponibilidad consignadas en los boletines de Salud Pública.

En los medios de comunicación fue publicada la queja de un concejal, dirigente del partido del Gobierno, quien visitó varias clínicas y hospitales en Santo Domingo para internar a su padre enfermo, sin poder conseguir un cupo, lo que lo obligó a hacer público el caso.

La semana pasada el presidente de la Federación Dominicana de Profesionales, Técnicos y Trabajadores de la Salud, Julio César García, reiteró que las informaciones oficiales sobre la disponibilidad de camas para pacientes de Covid-19 no se corresponden con la realidad.

“No es cierto que haya una disponibilidad del 40 por ciento de las camas para Covid-19. Incluso, en hospitales como el regional Doctor Marcelino Vélez hay pacientes hasta en los pasillos”, dijo el presidente de Fedosalud.

Los salubristas y epidemiólogos del país y de los organismos multilaterales son reiterativos en explicar que para detener la pandemia se hace necesario el distanciamiento físico, el uso de la mascarilla, no participar en actos sociales y el aislamiento cada vez que alguien tenga la sospecha o la confirmación de que tiene el virus.

En la comunicación enviada por el presidente Luis Abinader al Congreso solicitando la extensión del Estado de emergencia, como finalmente se aprobó, indica que durante el estado de excepción se ha logrado ejercer control sobre la enfermedad, Covid-19, gracias a la adopción sostenida e ininterrumpida de medidas de distanciamiento físico puesta en práctica por las autoridades.

Lo que no explica la misiva es que gran parte de esas medidas son improvisadas, guiadas por intereses de sectores, no de la colectividad en general, lo que genera el cuestionamiento ciudadano.

La improvisación más reciente ha sido el cierre, mediante decreto, de las iglesias, medida a la que días después se le dio marcha atrás, porque se pasó por alto que en todas las iglesias se ha sido riguroso con el distanciamiento y el uso de mascarillas.

En trabajos anteriores hemos afirmado que en el gobierno se entiende que todo se resuelve con un golpe de efecto mediático, con anuncios o promesas incumplidas, quizás guiándose de teorías en ese sentido del marketing.

Pero como expresara un reconocido publicista y mercadólogo en un trabajo de recién publicación, en el marketing primero se investiga al consumidor, después se lanza el producto y al final se repiten los estudios para saber los resultados y actuar en consecuencia.

Las decisiones políticas tienen que ser el producto de la reflexión, de que antes de aplicarse se sopesen y maduren aunque la emergencia obligue a actuaciones rápidas.

En medio de una pandemia, que ha provocado una crisis de salud, económica y que proyecta una crisis social, en la que nos desenvolvemos, es necesario que se entienda que ya el tiempo de la campaña electoral pasó con el desarrollo de las elecciones en las que las actuales autoridades resultaron gananciosas.

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