Opinión

Tengo muchos artículos disponibles para esta columna. Pero he decidido ampliar mi respuesta a un comentario de la Sra. Aurora Oviedo, y publicarla como artículos. Serán 2. Aquí, el primero. El título viene de que, por no meditar, el descontrol de nuestros impulsos emocionales causa conflictos, sufrimientos y hasta perder violentamente la vida.

Doña Aurora comenta:

“Maestro Juan Freddy, acabo de leer con mucho interés su artículo y me declaro «incapaz» de llegar a la meditación.

Me explico :

Pienso que todos, de una forma u otra, tratamos en algún momento de nuestra vida, de relajar la mente, sin lograrlo a plenitud porque desconocemos cómo hacerlo.

De ahí la importancia que le atribuyo a los ocho pasos que usted nos sugiere para meditar.

Los pasos uno y dos son primordiales.

Si no interiorizas, si no te convences, si no te motivas para dejar tu mente libre de pensamientos pasados para dar entrada a otros nuevos y novedosos, nunca serás capaz de relajar y llegar a ese clima de éxtasis que se requiere… y por supuesto, la constancia y la perseverancia llevarán al logro del objetivo en cuestión. Si se logran los dos primeros pasos, se cumplirán los demás. Todos forman una unidad dialéctica.

Hay que tener mucho poder de concentración para la meditación tal y como usted la plantea. Al menos yo, trataré. Me hace falta.

Muchas gracias.

Saludos y abrazos”.

EL DESCONTROL EMOCIONAL CAUSA LA VIOLENCIA SOCIAL

No soy maestro en meditación ni en nada. Sencillamente publico reflexiones derivadas de lecturas y del ejercicio meditativo que ha revolucionado mi vida. Me ha enseñado a ser mejor ser humano. A buscar el bien de los demás como camino hacia mi bien personal. Comparto experiencias para ayudar a construir una mejor sociedad, resultado de formar mejores personas.

Nuestro consciente, gobernado por el inconsciente, realiza actos que ponen en riesgo nuestra vida y la de otros. Vivimos automáticamente, sin observarnos actuar desde fuera de nosotros. En vez de dirigir nuestra película vital, somos actores manipulados por locos tiranos internos que nos encadenan y tiran hacia allá o acá, al azar. Nos controlan: el cerebro (órgano animal gobernado por los instintos), el cuerpo (buscador de complacencia), la mente (esclava de las manías del ego, la memoria, los sueños e ilusiones que la conforman) el espíritu (aferrado a tradiciones y creencias) convulsionan a nuestro indisciplinado ser.

Somos esencialmente una voluntad. Si logramos disciplinarla, nos librará de esas cadenas. Cuando la voluntad adquiere conciencia de sí, y puede auto-observarse desde fuera de ella, la educamos para dirigir felizmente nuestra película.

Esa técnica, ese proceso de concienciar y observar, es la meditación: el verdadero aprendizaje a vivir. Debo entrenarme para manejar mi vehículo vital con el mínimo de accidentes. He de comprender que yo no soy mi cerebro, mente, cuerpo, espíritu. Son mi medio de transporte. No deben conducir mi voluntad, sino yo a ellos.

LA CONVICCIÓN DE QUE TRIUNFAREMOS, NOS AYUDA A TRIUNFAR

Gracias, amiga Aurora Oviedo, por su cuidadosa lectura e inteligente comentario. Se declara incapaz de llegar a la meditación. Esa predisposición se lo dificultará. Si un trapecista cuando va a saltar piensa «Voy a caerme», su mente predispone al cuerpo para caer, y probablemente se caiga. Hay que repetirse, como un mantra, frases que ayuden a conseguir lo buscado: «Puedo meditar», «Lograré meditar», «Me beneficiará», «Calmaré la mente», «Me concentraré». Eso inclinará cerebro, cuerpo, mente y espíritu a conseguirlo.

Las palabras ejercen un intenso efecto sobre el ser humano. Por ejemplo, si un conductor involuntariamente roza con su vehículo el de otro, con frecuencia se dicen palabras insultantes que pueden hacer trágica la trivialidad del choque. Sin embargo, puede simplemente resolverlo el seguro, pago en efectivo o pedir excusas.

Si se dicen palabras negativas, ofensivas, que inculpan a uno y otro, estas ejercen tan fuerte impresión sobre el interlocutor que pueden llevarlos a matarse a tiros, como sucedió hace poco en un accidente donde un militar y su esposa fueron matados y su contrincante quedó grave.

En cambio, si uno o ambos se dicen palabras positivas, comprensivas y agradables, causan un beneficioso resultado. Un día, le dí un choquecito (al rodarse mi vehículo en un semáforo) al carro de un desconocido joven. Nos saludamos cortésmente. Con palabras positivas, acordamos una compensación. Todo quedó tan bien que nos hicimos amigos.

Funcionaron dos de los beneficios de meditar: convertir mal en bien, y control emocional, que frena los terribles impulsos de orgullo, vanidad o ego.

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