Opinión

Por más esfuerzos realizados desde las Naciones Unidas y los grandes países, el mundo no ha logrado reducir la cantidad de hambrientos en el Planeta.

Aunque hoy existe un porcentaje menor, porque la población ha crecido, en verdad las personas con hambre en el mundo siguen oscilando entre 785 y 947 millones, en los 15 años más recientes.

Agravada porque la pandemia de coronavirus ha acrecentado el hambre en el mundo.

Situación que debe ser tomada en cuenta por nuestro país.

Pues este futuro oscuro se acentuará según indica la alarma de António Guterres, secretario general de Naciones Unidas, quien señaló que «Nuestros sistemas alimentarios están fallando y la pandemia de la enfermedad por coronavirus está empeorando aún más las cosas».

Ya desde el 2015 el hambre tendía a crecer, revirtiéndose una ligera disminución registrada en años anteriores, pero el COVID-19 ha empobrecido a personas que tenían años de haber superado esa calamidad.

Y, lo peor, en el año 2020 la presencia planetaria del COVID-19, elevó el desempleo, disminuyó la actividad económica y los gobiernos tomaron más empréstitos internacionales.

Esto se suma a los efectos nocivos del cambio climático, políticas agropecuarias equivocadas, sequías e inundaciones, etc., factores que juntos, están elevando la escasez de alimentos.

De manera que auguramos el aumento de la pobreza mundial, haciendo poco probable que la ONU cumpla su meta de que para el 2030 se tendría hambre cero.

Se agregan las afirmaciones de David Beasley, titular del Programa Mundial de Alimentos de Naciones Unidas (PMA), quien dijo que «habrá múltiples hambrunas de proporciones bíblicas» en el 2021, con efectos potencialmente más graves que la del Covid-19, hablando al momento de recibir el «Premio de la Paz» otorgado al PMA, basado en sus «esfuerzos contra el hambre en el mundo».

Entonces, este panorama es una gran oportunidad para que la República Dominicana incremente sus exportaciones.

Y es que el COVID-19 ha aumentado en 270 millones de personas en situación de hambre, que se adhiere a los 821 millones registrado en el 2019.

De manera que los dominicanos estamos compelidos a asegurar nuestros propios alimentos y aprovechar las oportunidades del mercado internacional.

Tenemos una potencialidad inmensa para producir la mayoría de los rubros agrícolas, pecuarios, pesqueros y forestales, que requiere el país y que demandan los principales mercados del exterior.

Porque también en nuestra zona, América Latina y el Caribe, la agudización del COVID19, a finales del 2019, empujó a 47 millones de personas a la franja de hambriento, de acuerdo a la FAO, equivalente al 7.4% de los 620 millones de personas.

Tenemos, realmente, de que preocuparnos.

Y es que el sector de la agricultura constituye el mayor empleador del mundo y proporciona medios de vida al 40% de la población mundial actual. Es la mayor fuente de ingresos y empleos para los hogares rurales pobres.

En muchos países, el surgimiento del COVID-19 ha provocado, y sigue ocasionando, graves secuelas de muerte y dolor, pero también los efectos del aislamiento, que han llevado a las dificultades de producción, transporte, comercio, escasez de mano de obra y pérdidas de cosechas.

Sabiendo, en fin, que el COVID-19 ha elevado el hambre y puesto en dificultades la producción, tenemos que aprovechar el que poseemos condiciones para colocar más volúmenes de productos agropecuarios en el mercado eterno.

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