Tecnología

El coronavirus impulsará la biometría

(Artículo de JOSE JOAQUIN FLECHOSO SIERRA de la revista Byte)

Fue en 1935 cuando los oftalmólogos Carleton Simon e Isadore Golstein se percataron, durante uno de sus estudios, de que era prácticamente imposible encontrar dos personas que presentaran el mismo patrón capilar en sus retinas. Este hecho, podríamos considerarlo como los comienzos de la biometría. Fue el primer paso para buscar la identidad inequívoca de las personas basada en tres factores: la autenticación basada en algo que se sabe (password o pin), en algo que se posee (tarjetas, certificado electrónico) y en algo que se es o se hace de manera involuntaria lugar donde situamos a la biometría.

El uso de los indicadores biométricos tiene un desarrollo exponencial, pero… ¿Cuál será el siguiente paso? Nos vamos encaminando hacia la llamada biometría conductual que, en lugar de trabajar sobre rasgos físicos medibles, se fijará en características biométricas del comportamiento ligadas a cómo caminamos, cómo escribimos o cómo movemos los ojos, en definitiva, nuevas referencias que también nos hacen únicos y que permitan mantener las garantías de identidad al máximo nivel. La crisis del COVID-19 ha lanzado los sistemas de reconocimiento facial y de voz en detrimento de lo táctil, sobre todo por el temor al contagio del virus. La demanda de sistemas de control horario, de verificación de identidad por voz y los de firma de contratos y compras se han disparado. Pero hay una función más de la biometría que a veces pasa desapercibida.

Más de 1.000 millones de personas en todo el mundo no tienen manera de demostrar su identidad, según el Banco Mundial. “Sería una credencial muy valiosa”, dijo la Fundación Thomson Reuters, ONG que brinda identificaciones biométricas para refugiados y apátridas. La biometría es una tecnología poderosa, pero si guiñas un ojo a destiempo

últimas Noticias
Noticias Relacionadas