Opinión

En nuestra columna anterior, trajimos al presente aquel asesinato, injustificado, y por razones políticas, ejecutado en la ciudad de San Francisco de Macorís, crimen que no podía realizarse contra un adolescente de apenas 16 años de edad, si no tenía la aceptación y ordenanza de Rafael Trujillo Molina.

El jefe de los asesinos que los trasladó a la ciudad del Jaya, fue el mayor Julio Pérez destacado en la ciudad de Santiago.

“Pichi, junto a cuatro compañeros era uno de los responsables de haber colocado en el patio de la escuela Ercilia Pepín llamada también Escuela Normal, letreros que aparecieron en un gigantesco tanque de agua y en las paredes del patio: “Trujillo asesino, Trujillo ladrón¨.

Los demás miembros del grupo José Delio Guzmán (hijo), Graciliano Portorreal Polanco, Amado de Jesús Alcántara y Mario César Gutiérrez. Aunque de común acuerdo el pequeño grupo de adolescentes, no pasaba de la edad 17 o 18 años; los que escribieron los letreros eran Alcántara Cruz y Mario César.

El director de la escuela normal Ercilia Pepín era Ángel Severo Cabral, quién presionado por las autoridades políticas, señaló a los cinco jóvenes como responsables de escribir los letreros que identificaban a Trujillo como asesino y ladrón”.

Sin ser sometidos a un Consejo de Disciplina los jóvenes fueron expulsados del centro docente; el padre de uno de ellos Mario César, era el capitán del Ejército Euclides Gutiérrez Abreu, arrestado y separado de las filas de la institución a la cual había servido por espacio de 22 años, y había desempeñado diferentes funciones desde que tenía 15 años de edad¨.

El oficial del ejército comandante de San Francisco de Macorís era el mayor Emiliano Camarena, hombre honesto, no señalado como criminal o represivo político, con quien habló Gutiérrez Abreu y quienes en su conversación eran críticos de la disposición que había tomado el director de la escuela normal, Ángel Severo Cabral.

Apenas un mes después fue apuñalado el joven José Luis Perozo alias (Pichi), quien recogido por agentes de la Policía fue trasladado al cuartel de la institución, donde se desangró, y falleció.

Los asesinos de Pichi Perozo habían llegado a San Francisco de Macorís en horas de la tarde, en un vehículo militar acompañados del Mayor Julio Pérez y pertenecían a la Compañía de Servicios Especiales. ¨Eran guardias cuarteleros destacados en la ciudad de Santiago, donde estaba el oficial que los había trasladado a San Francisco de Macorís¨.

La vesania asesina de Trujillo era tan profunda, que apenas dos meses después visitó San Francisco de Macorís y acompañado de las autoridades civiles de la provincia, en un agasajo que se le hizo en el Club Esperanza, Trujillo apreció que la actitud de las personas presentes hacia su persona era fría y distante.

Cuando interrogó al gobernador, Lorenzo Brea, este con responsabilidad, pero de manera prudente le dijo, ¨Jefe, aquí todavía la gente está muy adolorida por la muerte de Pichi Perozo, que era apenas un niño, adolescente, cuando ocurrió¨. Trujillo lo miró y le respondió ¨que tengo yo que ver con eso¨. Minutos después abandonó la fiesta y se fue de la localidad.

Era imposible que en su gobierno se cometiera un crimen de esa naturaleza, donde están involucrados oficiales y miembros de la Compañía de Servicios Especiales, que no tuviera su expresa y personal aprobación.

Muchos años después, muerto Trujillo, convertido Severo Cabral en una figura importante de la vida pública del país, el Dr. Joaquín Balaguer exiliado en New York, en artículos publicados en El Caribe, responsabilizaba a Severo Cabral de la muerte de Pichi. (Continuaremos).

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