Opinión

La rutina y la innovación representan el anverso y el reverso de una moneda. Aplicado este concepto a la especie humana notamos que, si bien es cierto que el Homo sapiens es ritual por definición, tampoco deja de ser verdad que nos deleita introducir cambios que marcan la diferencia entre una época y otra, así como entre distintos conglomerados sociales.

Para quienes hemos tenido la suerte de traspasar varias generaciones nos resulta fácil comparar las formas de convivencia de determinados grupos sociales digamos en varias décadas pasadas.

Podemos, por ejemplo, distinguir las modas en el vestir, las artes, música y variadas formas de entretenimiento. Ayer era una rutina ver a adultos sentados frente a la pantalla de televisión, con el control remoto al lado de una butaca escogiendo los canales de su predilección dependiendo de la hora y el día.

Hoy vemos a niños, jóvenes, adultos y ancianos con sus teléfonos inteligentes embelesados con videos o envueltos en las incesantes conversaciones.

Asombra ver lo ensimismada que luce la gente cuando al pasar por su lado no parecen dar muestra de tener conciencia de su derredor.

Desde fuera los observadores percibimos un falso monólogo con gestos y expresiones típicas de los selfies usadas en las videollamadas.

La pandemia del coronavirus con la prolongada cuarentena ha contribuido a convertir en hábito el consumo de horas muertas en las diversiones mediáticas de Tik Tok, WhatsApp, Telegram, Instagram, Facebook, YouTube y demás herramientas comunicativas.

Los grandes centros comerciales se han visto afectados debido a las limitaciones impuestas por las medidas sanitarias, como ruta alternativa compensatoria han crecido las compras en línea lo cual refuerza el sedentarismo.

Mentalmente nos movemos a una gran velocidad, físicamente son pocas las calorías quemadas, y sí muchas las ingeridas, con un peligroso balance final llamado obesidad.

Los alimentos procesados con aditivos preservantes entre los que figura la sal común favorecen el descontrol de la hipertensión arterial.

Los dulces en exceso dificultan el manejo de la diabetes mellitus, en tanto que las grasas saturadas contribuyen al agravamiento de la aterosclerosis.

Sobre esta última enfermedad la Academia Nacional Americana de Medicina ha revisado el último medio siglo de historia del progreso en la comprensión y manejo de la aterosclerosis cardiovascular.

Expresa dicha laureada academia que en la década de los sesenta de la pasada centuria las muertes debidas a patología del circuito cardíaco-arterial alcanzaron su máxima expresión.

El trabajo prospectivo estadounidense de investigación médica llamado “Estudio cardíaco Framingham” permitió identificar los principales factores de riesgo en la muerte cardiaca, a saber: el uso y abuso del tabaco, elevación del colesterol, hipertensión arterial, diabetes y una reducción en la actividad física.

Se comprobó que el defectuoso manejo orgánico de las grasas tipo colesterol tenía como base una mutación genética heredada susceptible de ser mejorada con dieta y medicación.

Este análisis molecular con la consiguiente terapia dirigida condujo a una considerable reducción de la morbilidad y mortalidad por infarto del miocardio y derrame cerebral.

El uso de anticoagulantes y cirugía coronaria han mejorado la cantidad y la calidad de vida en adultos y envejecientes.

Los factores socio-ambientales como la inequidad, pobreza, limitada educación, segregación racial, precarios servicios de salud, limitadas oportunidades para práctica diaria de ejercicios físicos han impedido seguir reduciendo las muertes cardiovasculares.

Controlar la boca y mover el esqueleto cuestan poco y valen mucho para el sano vivir cotidiano.

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