Opinión

Vigilar el ensayo de las clases semipresenciales

Las autoridades educativas decidieron que, a partir del próximo mes, la docencia en el sistema preuniversitario se desarrolle mediante la modalidad semipresencial, iniciado con grupos de estudiantes divididos en dos tandas, los cuales recibirán los contenidos en determinados días de la semana.

Hace tiempo que se venía analizando esta posibilidad, pero se ha convertido en una realidad, tras el anuncio del Ministerio de Educación: las clases presenciales comienzan el 6 de abril. De acuerdo con el protocolo de retorno a las aulas, un grupo asistirá los lunes y martes en jornada matutina, mientras que el otro irá a clases presenciales los miércoles, jueves y viernes, en horario vespertino.

La República Dominicana lo que ha hecho es sumarse a un ensayo en ese sentido establecido en la mayoría de los países del mundo, alegando una serie de factores, incluyendo la supuesta afectación psicológica de las familias. Lo importante, una vez adoptada esta medida, es que se vigile este ensayo ante la posibilidad de rebrotes en los contagios del Covid-19.

La modalidad semipresencial se pondrá en marcha con la primera infancia y el primer ciclo de primaria, es decir, niños con edades comprendidas entre tres meses y los ocho años.Asimismo, iniciarán los estudiantes de sexto grado de secundaria de las modalidades Educación Técnica y en Artes.

Otra de las pautas presentadas en el protocolo de retorno a las aulas «Cuidando la alegría y la seguridad del reencuentro» es la verificación de las condiciones de los centros educativos, ya que estos deben estar completamente limpios y tener ventilación adecuada en los baños.

Lo cierto es que el tema ha divido a la sociedad acerca de la conveniencia o no del retorno a las aulas. Incluso, un actor del nivel de la Asociación Dominicana de Profesores (ADP) ha afirmado que un mes resulta insuficiente para adecuar la logística requerida para garantizar la docencia con niveles mínimos de bioseguridad. La educación requiere de unificar esfuerzos, jamás dividir.

Todos los actores que inciden en las tomas de decisiones en la sociedad dominicana reconocen que el país tiene grandes desafíos institucionales que se han constituido en barreras para su avance hacia la construcción de una sociedad más incluyente y que genere bienestar colectivo.

El logro de una educación de calidad es, sin lugar a duda, el más importante de los desafíos a superar, a mediano y largo plazo.

Una vez sea alcanzado, estarían dadas las condiciones para que el país pueda afrontar exitosamente la desigualdad social y la pobreza, que, combinadas, traban el desarrollo nacional.

Hay que recordar que a finales de marzo del año 2014 fue firmado el Pacto Educativo, previsto en la Ley de Estrategia Nacional de Desarrollo. El proceso de diálogo involucró a más de 9,000 personas que participaron en una consulta nacional y mesas de trabajo coordinadas por el Consejo Económico y Social (CES).

En la medida en que ha avanzado el tiempo, los progresos esperados han sido lentos. Los intereses particulares no pueden primar sobre los de carácter colectivo; una educación inclusiva contribuye a la tranquilidad y la paz social en todas las sociedades.

En un mundo globalizado e interdependiente, como el actual, se requiere, cada día, de sociedades que sean capaces de aprender y generar conocimiento, visto éste como un componente económico indispensable para avanzar hacia el desarrollo humano sostenible.

En el propósito de alcanzar lo anterior, lo primero es gozar de buena salud y, por lo tanto, no estaría mal en vigilar el ensayo del retorno a clase.

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