Opinión

Mujeres: heroínas y mártires

Ser mujer no es atributo fácil en una sociedad patriarcal

Abril es un mes muy especial para quien suscribe. Muchas son las razones, entre sus páginas se encuentran: el Día Mundial de la Salud, el Día Internacional de la Mujer, Día de la Tierra, Día del Libro, Día del Bibliotecario y Día del Periodista, así como el aniversario de la Revolución de Abril de 1965. Motivos particulares son el natalicio de mi progenitora y de la compañera de más de medio siglo.

Mi madre no solamente nació en abril, sino que a escasos días para celebrar sus ochenta y una primaveras nos sorprendió cerrando para siempre sus ojos tristes. Mamá siendo mi primera maestra se impuso como tarea primordial elaborar la ruta que yo debía transitar hasta graduarme de médico.

Otra mujer se encargó de alfabetizarme, aprendiendo así a leer y escribir de por vida. En la base creada por esas dos heroínas se montaron una serie de profesores que me condujeron hasta la puerta de la patología.

Al entrar a ese sagrado templo otra dama de acero tomó la mandarria, empleándose a fondo hasta culminar con la preparación que me ha permitido arribar al lugar del quehacer científico en donde resido.

A todas esas heroínas dedico este primer artículo de abril de 2021 en cuarentena, escogiendo como receptora viviente a la dama que por dicha encontré en el pueblo de Monción, ubicado en plena cordillera central, en la Línea Noroeste del país.

Allí fui a realizar mi pasantía médica de ley, siendo premiado con el lazo matrimonial que sería más tarde reforzado con una hija y una nieta.

Ello no va en menosprecio a lo mucho que aportaron directamente hombres de la talla de Diego Meléndez, Israel Brito Bruno y Juan Bosch, así como a través de la lectura de los legados de Miguel de Cervantes Saavedra, Juan Jacobo Rousseau, José Martí y Eugenio María de Hostos, entre otros.

Las damas a las que he hecho mención no solo han sido mis heroínas, sino que vivieron momentos de martirio que recordaban a una Juana de Arco, a María Trinidad Sánchez, o a unas hermanas Mirabal.

Sin embargo, todas tuvieron en común el don de crecerse ante las adversidades y ninguna se rindió.

Ser mujer no es atributo fácil en una sociedad patriarcal en donde la voz autoritaria, en ocasiones ofensiva y agresiva se imponía a la razón. Aún en tales circunstancias la mujer ha tenido la valentía y la audacia para terminar saliendo victoriosa en la guerra contra la incomprensión y violencia social.

Apena saber cómo en pleno siglo XXI el machismo disfrazado de gladiadores por la vida pretende seguir amordazando las voces femeninas que luchan por derechos elementales que los hombres hemos disfrutado por milenios.

Los violadores sexuales, los feminicidas y los negadores de los derechos humanos de las mujeres no encajan en la sociedad democrática participativa de este nuevo milenio.

Debemos reivindicar a esas sepultadas mujeres idas a destiempo arrastradas por unas causas evitables relacionadas con el embarazo.

Asombra vivir el testimonio de jóvenes que por décadas mueren en centros de salud, víctimas de abortos inducidos a escondidas en las peores de condiciones. ¡Ay si los hombres parieran!, hace tiempo que el tema de las tres causales sería asunto del pasado.

Pero, como biológicamente nos está negado parir, abusamos de los poderes fácticos, impidiendo a las mujeres decidir qué hacer con sus cuerpos y vidas.

¡Gloria eterna para nuestras heroínas!

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