Opinión

“Nuevo Rumbo”

La diplomacia de la vacuna & La naturaleza del gran capital.

La ley suprema del capitalismo es el individualismo, orientando al ser humano a girar en turno a sus intereses particulares, lo que implica que el sentido de colectividad raramente exista, generando grandes desequilibrios, brutales desigualdades y perjuicio a la sana coexistencia de la humanidad.

Desafortunadamente, esta es la realidad, a pesar de que, al mismo tiempo, el capitalismo es el modelo económico más dinámico y productivo que la humanidad haya conocido. Por ello, muchos somos los que abogamos por un capitalismo más humano, más inclusivo; como el modelo de los países nórdicos, un modelo capitalista democrático, que promueva la movilidad social y sea garante de un estado de bienestar universal. Vista la democracia no solo desde el punto de vista de los derechos civiles y políticos, sino también los derechos económicos, sociales y culturales. Porque no se trata de estar en contra del capitalismo per se, pero sí en contra de las barbaries que en su nombre se ejecutan.

Este espíritu carente de humanismo se reflejó recientemente ante la propuesta formulada por dos países del BRICS, la India y Sudáfrica ante la Organización Mundial del Comercio, (OMC), que procura universalizar la vacuna, es decir suspender temporalmente la propiedad intelectual (hasta tanto dure la pandemia), sobre las vacunas, medicamentos y tecnología contra el Covid-19, a los fines de garantizar su producción masiva y que lleguen a todo el mundo a precios más asequibles, a fin de preservar vidas.
La diplomacia de la vacuna se puso en marcha y dicha iniciativa con un carácter esencialmente humano recibió el apoyo de noventa y nueve (99) países, ante la mirada atónita de la humanidad que vio como occidente, es decir las economías capitalistas desarrolladas se oponían a tan noble idea. Y que, frente a la carencia de consenso de los 164 países miembros de la OMC, se imposibilitó que tan apremiante propuesta prosperará y diera respuesta a la angustiosa espera de los pueblos por una cura que no ven llegar.
La impotencia crece al momento de conocer que el fármaco remdesivir, para mitigar los efectos del nuevo coronavirus; con apenas un costo de producción de diez dólares, (US$10.00), se comercializa a tres mil dólares, (US$3,000.00), muy a pesar de que se trata de un fármaco que ya existía, y que “los ensayos clínicos para probar su aplicación al Covid-19, se realizaron con recursos de los contribuyentes” .
Es decir, como ha indicado el Dr. Andrew Hill, prestante investigador del Departamento de Medicina Traslacional de la Universidad de Liverpool, Inglaterra, “estas investigaciones fueron financiadas por los Institutos Nacionales de Salud de los Estados Unidos y otros organismos internacionales, como la OMS y China”.
Como podemos notar, la pandemia ha puesto al desnudo la avaricia y la irracionalidad del gran capital. De nuevo, se plantea la división entre el Norte y el Sur. El Sur considera vital salvaguardar la vida humana amenazada por la terrible epidemia que ha puesto de rodilla a la humanidad. A su juicio la Organización Mundial de la Salud, (OMS), pondera que con la vacunación de un 70% de la población se logra la inmunidad global.
Se estima que el 53% de las vacunas se ha quedado en mano de apenas un 14% de la población, es decir los países más poderosos, los ricos en recursos financieros y pobres en misericordia. De ahí, el planteamiento de que la suspensión temporal de la patente permita universalizar la producción y consecuentemente garantizar el abastecimiento justo a tiempo de tan preciado producto a aquellas naciones carentes de los recursos financieros y la capacidad productiva, para atender tan urgente realidad.
El mundo ha sido testigo de la manifestación de líderes políticos que han elevado su voz, como lo ha hecho anteriormente los expresidentes Danilo Medina y Leonel Fernández; y actualmente, el presidente dominicano, Luis Abinader, en reclamo por una distribución equitativa y justo a tiempo de la preciada vacuna, a los fines de que los pueblos desamparados de fortunas puedan ser inmunizado del temible virus.
Las dificultades propias de los países en vías de desarrollo, para abastecerse de la anhelada vacuna se profundiza aun más por el hecho de que las grandes empresas farmacéuticas tienen derecho exclusivo a explotar la vacuna durante dos décadas, (20 años), a partir de su beneplácito. Todo esto es aun más complejo cuando observamos las estadísticas que hablan de “unos 80 millones de niños en el mundo en riesgo de vida por la paralización de los programas de vacunación focalizados a otras enfermedades como el polio, sarampión, neumonía” , como consecuencia de que todas las energías se han dirigido a contener la propagación de la nueva pandemia de Covid-19.
Todo este proceso pandemico nos revela la quiebra del multilateralismo, la ausencia de la cooperación internacional, nada más parecido a la geopolítica del caos, donde prima el poder y no la razón. Con el agravante, para América Latina y el Caribe, que la peste del Covid-19, ha llegado en un momento en que la región no cuenta con un nivel de integración que le permita unificar esfuerzos, en el orden científico técnico y financiero, para enfrentar apropiadamente la aterradora pandemia que se ha robado el aliento, el sosiego y la paz de la humanidad. Y es razonable preguntarse aun en medio de este caos, ¿dónde está la CELAC?. La misma que en la década dorada de los gobiernos progresistas fue vanguardia y ardua defensora del multilateralismo, hoy desafortunadamente, brilla por su ausencia.

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