Editorial

Seguimos consternados

La atención a la conmemoración de la Semana Santa y el seguimiento al boletín del Centro de Operaciones de Emergencias (COE), en los que se ocupa la población en estos tiempos, no desplazaron la indignación creada con la muerte de los esposos Elizabeth Muñoz Marte y Joel Díaz, en Villa Altagracia.

Un horrendo crimen que ha llenado de indignación a la ciudadanía por las circunstancias del suceso y por las calidades personales de los fallecidos.

Un joven matrimonio dedicado a servir a los demás desde la religión que profesaban, la que les unió en sana convivencia.

Lo que describieron los jóvenes que acompañaron a los hoy occisos, permite concluir que se trató de un acto indigno, que ha recibido el más absoluto repudio y reproche ciudadano.

La justicia tomará cartas, como ya lo hizo el superior gobierno adelantando la cancelación y sometimiento de la patrulla policial actuante, cuya sanción llegó al comandante de la demarcación.

De nuevo el debate sobre la reforma policial, la falta de entrenamiento de los agentes y lo inadecuada y desproporcionada de las respuestas que ofrecen a las situaciones que confrontan.

Se hace difícil entender cómo pueden ocurrir abusos tan deplorables, que no se subsanan con discursos o respuestas politiqueras o la manoseada frase de que la impunidad no prevalecerá.

El país está escandalizado, la desconfianza en los agentes policiales se ha desbordado, el miedo se ha apoderado de la población, cansada de ver estas actuaciones excesivas que se condenan en los momentos de vigencia noticiosa y luego se olvidan hasta el momento de la ocurrencia de la próxima.

La respuesta a hechos como el descrito está más allá de la condena judicial o del servicio policial. Se imponen soluciones de políticas públicas con la participación y disposición de todos los sectores.

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