Opinión

La epopeya incompleta (III)

Fue esa situación, pública y escandalosa, y las actividades clandestinas realizadas en las filas de las Fuerzas Armadas, la que motivó al Teniente Coronel Rafael Tomás Fernández Domínguez a presentarse ante el Presidente Constitucional de la República. Fernández Domínguez era en ese momento, no obstante su juventud, uno de los oficiales más respetado y admirados de las Fuerzas Armadas.

Cumpliendo con un deber patriótico de conciencia, informó al presidente de la República que en el seno de las Fuerzas Armadas se había iniciado un movimiento conspirativo que tenía como objetivo no solamente desconocer la Constitución recién promulgada, sino desde un punto de vista estratégico, derrocar el gobierno patriótico, democrático, representativo y liberal que el pueblo había elegido mayoritariamente el 20 de diciembre de 1962. Fernández Domínguez pidió al Presidente de la República autorización para organizar un Movimiento de militares defensores de la Constitucionalidad.

Hacia mediado de junio de 1963 la conspiración encaminada al derrocamiento del gobierno que Presidía el Profesor Juan Bosch se encontraba en pleno apogeo. Preparados para asaltar el poder, los enemigos del pueblo confundieron a muchos, entre los cuales había valientes revolucionarios que más tarde pagaron con sus vidas, víctimas de los que se disfrazaron de redentores del cristianismo; porque fue precisamente levantando las banderas del cristianismo, en una cruzada supuestamente contra el adoctrinamiento comunista que auspiciaba el gobierno de Bosch, que la oligarquía criolla, insensible a los grandes problemas del país, políticamente atrasada, muy atrasada, apoyada por la alta Jerarquía de la Iglesia Católica y estimulada por los agentes políticos del gobierno de Estados Unidos, motorizaron una serie de actos públicos, huelgas de comerciantes y movilizaciones callejeras con el objetivo de crear las condiciones para el derrocamiento del Gobierno Constitucional.

Ejecutada la primera parte del plan, la alta jerarquía de las Fuerzas Armadas y la Policía Nacional convocó el 13 de julio de 1963 al profesor Juan Bosch a una reunión que debía realizarse en el club de los oficiales de la base aérea de San Isidro. Para sorpresa de los convocantes, Bosch se presentó en un automóvil sencillo, sin matrícula oficial, acompañado de un ayudante civil, el jefe de los ayudantes militares y un reducido grupo de oficiales de su escolta.

El presidente de la República fue invitado a sentarse en la mesa directiva que dirigía la reunión en la cual participaban más de cuatrocientos oficiales. Inmediatamente dirigió la palabra al presidente el mayor Rolando Haché, consultor jurídico de la Fuerza Aérea Dominicana, quien trazó pautas al presidente, indicándole, en nombre de las Fuerzas Armadas y la Policía Nacional, cuál debía ser su conducta ¨frente al peligro comunista que según el orador amenazaba la República¨.

Cuando el mayor Haché terminó su exposición, Bosch, con la dignidad que le era característica, con mucha autoridad y firmeza contestó: ¨un gobierno democrático no puede ser democrático para unos sectores minoritarios y dictatorial para otros (…). Así como una dictadura no puede ser dictadura para unos y democrática para otros. Si Trujillo hubiera permitido libertades a un sector de los dominicanos su tiranía no hubiera durado (…) ¨. Con mucha gallardía se puso de pies y dijo: ¨Esta reunión ha terminado¨.

Tres días después, en la noche del 16, los pormenores de su encuentro con los militares y policías fueron comunicados en forma dramática a través de la radio y la televisión al pueblo, que con su instinto percibió que la nación entraba en una de las etapas más difíciles de su historia¨. (Sigue)

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