Opinión

Un dilema global abate a nuestras sociedades: abrir o mantener cerradas las escuelas, abrir o cerrar los bares, hoteles y restaurantes, confinar o dejar en libre movimiento a la gente. La pandemia lo ha trastocado todo.

En ese suspense ya prolongado, autoridades, familias y pensadores buscan salida al desafío de la educación no presencial impuesto por la Covid 19.

Para nadie es un secreto que las dificultades y falencias de la educación nacional como el bajo rendimiento escolar, ausentismo, el abandono y la desigualdad se verán redobladas en las circunstancias actuales.

Pero resulta que hoy mismo estamos asistiendo a un aumento significativo de casos con una demanda incrementada de camas, ventiladores y unidades de cuidados intensivos. Ante la apertura, el virus cobra.

Mantener el equilibrio entre la apertura y la situación sanitaria es clave. Pero para lograr este fin, necesitamos mejores y confiables estadísticas del covid, mayor vigilancia, pruebas y un control efectivo de los internamientos.

Se ve de lejos que la ocupación hospitalaria no es congruente con los datos estadísticos ofrecidos. Hay que revisar la plantilla usada para el control y vigilancia de las hospitalizaciones.

Mientras tanto, debe hacerse público el protocolo de operación en las escuelas, la trama logística compleja que implica la apertura de clases, el aforo por aula establecido… y más.

Ojo al laberinto al que este virus empuja. Al dilema, razonamiento.

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