Opinión

Un peculiar reencuentro con el pasado

Un peculiar reencuentro con el pasado

(Dedicado a los miembros de la Vieja Escuela de mi patria chica: Villa María)

A veces dialogamos con el pasado, afortunadamente lo hacemos desde la experiencia que se ha acumulado hasta el presente. Ese fue nuestro caso en estos días con la lectura del libro de texto de los años finales de la década de 1970 hasta parte de la década siguiente “Español 6. Literatura dominicana e hispanoamericana”, de Disesa, autoría de Manuel Mora Serrano (Editora Corripio, año 1978, 327 páginas).

Nuestra generación tuvo que “bregar” duro con ese texto cuando cursábamos literatura en el bachillerato.

La lectura de ahora nos sirvió para fortalecer nuestro criterio respecto a una idea que nos surgió cuando lo leíamos animados por el propósito de aprobar una materia escolar, y también nos ha hecho reparar en aspectos que solo podíamos apreciar con la experiencia que tenemos ahora. Estos últimos quizás lo tratemos en otra ocasión porque nuestro propósito es referirnos a lo primero.

El libro trae junto al nombre de los autores que comenta y de los que solo menciona (autores menores) las fechas de nacimiento y de fallecimiento, entre paréntesis. A nosotros particularmente nos gustaba ver las fechas por la curiosidad de saber cuánto vivió el autor que se trataba. Era una curiosidad de adolescente. El caso más llamativo de entonces fue el de Federico Henríquez y Carvajal, quien vivió casi 104 años (6 de septiembre de 1848-4 de febrero de 1952). También nos llamó la atención el caso de escritores con una buena producción literaria que murieron muy joven como José Martí, de 42 años (1853-1895). Su caso es parecido al del líder de la Revolución de Octubre Lenin (1870-1924), quien en los 54 años que vivió con sus informes a algún comité central, artículos polémicos, los libros de investigación, los folletos, los textos de charlas, discursos y conferencias tiene una obra de más de 50 títulos, casi un grueso volumen por año vivido. Otro que murió joven fue René del Risco Bermúdez, quien vivió 35 años (1937-1972); aunque no dejó una obra extensa sí es de calidad.

Pero hay dos cosas fundamentales que me llamaban la atención cuando estudiábamos a estos autores, por allá por los años 1982-1983. Notábamos que los autores nacidos en años cercanos morían en años también cercanos. Y precisamente esto fue lo que motivó la idea que aún nos sigue inquietando: nacemos como parte de una generación y regularmente nos vamos con ella. Por ejemplo, tomemos el caso de los Padres de la Patria. Juan Pablo Duarte (1813-1876); Matías Ramón Mella (1816-1864); Francisco del Rosario Sánchez (1817-1861).

Veamos intelectuales de los años 1810-1830: Félix María del Monte (1819-1899); Javier Angulo Guridi (1816-1884); Alejandro Angulo Guridi (1822-1906).

Si pensamos en autores más cercanos a nosotros, como los representativos de la Poesía Sorprendida, vemos lo siguiente: Franklin Mieses Burgos (1907-1976); Rafael Américo Henríquez (1899-1968); Freddy Gatón Arce (1920-1994); Manuel Rueda (1921-1999); Antonio Fernández Spencer (1922-1995); Aida Cartagena Portalatín (1918-1994); Manuel Llanes (1899-1976); Manuel Valerio (1910-1979); Mariano Lebrón Saviñón (1922-2014), fue el que más vivió.

En la literatura universal hay un año sagrado, se trata de 1616 porque en ese año murieron Miguel de Cervantes y William Shaskepeare, y para más coincidencia en el mismo mes: abril; Cervantes el día 22 y Shaskepeare el 23.

Continuando con las coincidencias, en este caso no con autores sino con obras, podemos decir que en América Latina tenemos nuestros años especiales. Se trata de 1867 y 1967. En el primero vio la luz la cima de la novela romántica “María”, del colombiano Jorge Isaacs; en el segundo, la cima de la novela del ‘boom’ latinoamericano “Cien años de soledad”, del escritor también colombiano, para más coincidencia, Gabriel García Márquez.

Siguiendo con el 67, pero del siglo XIX, debemos decir que en 1867 se publicó el primer tomo de “El capital”, de Carlos Marx.

Retomando, finalmente, el asunto de las generaciones, expresión quizás arbitraria, la conclusión a la que llegamos temprano es que entre los miembros de cada una se desarrolla una especie de identificación, complicidad sana, solidaridad especiales. Estas últimas condiciones de algún modo nos han llevado a sentir como propio el logro de algún miembro de la que nos consideramos parte; a sentir como también propio el dolor de que alguien, por la razón que sea, no haya desarrollado el talento especial, el potencial, con que estaba dotado; pero sobre todo el considerarnos parte de una generación nos lleva a ser más cuidadosos porque si de alguna manera fallamos, ya sea en la vida pública o en la privada, además de fallarle a nuestra familia le fallamos a nuestra generación, que bien vista tal vez sea una especie de familia no sanguínea.

11 de septiembre, a los 51 años del asesinato del Presidente Mártir, Salvador Allende.

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