Editorial

El asesinato de un capitán de la Policía Nacional adscrito al Departamento de Investigaciones Criminales y un mensajero por dos malhechores en el municipio de Piedra Blanca, carretera Juan Adrián, Monseñor Nouel , encendió por nueva ocasión la alarma de la seguridad ciudadana.

Igual efecto ha generado el sangriento asesinato de Alberto Grullón Uceta, un estudiante universitario, quien en su tiempo libre ofrecía el servicio de transporte a través de una plataforma digital.

Otro taxista de plataforma digital fue encontrado muerto en unos matorrales en el municipio Santo Domingo Norte al inicio de la semana en curso

Son hechos estremecedores que dejan en entredicho las declaraciones del ministro de Interior y Policía, quien reveló que los indicadores de violencia, delincuencia e inseguridad se han reducido de manera considerable.

Es una afirmación que contrasta con la realidad vivida en todos los sectores de la geografía nacional.

La gente se pregunta hasta qué punto el país seguirá perdiendo la vida de jóvenes valiosos o de adultos útiles a la sociedad como el ejemplar capitán de la policía, asesinado, mientras se disponía a cumplir con su deber

Según las proyecciones este año sobrepasará de cien mil los casos de crímenes y delitos registrados en la Procuradoria , cifras alarmantes.

Lo que se concluye es que se carece de un verdadero plan de Seguridad Ciudadana, que todo se supedita a papeles y declaraciones amplificadas y sazonadas por acólitos del Gobierno, siguiendo estrategias mediáticas y de marketing en la que se sustentan las actuales autoridades.

Se impone recordar una antiquísima enseñanza: La envoltura solo llama la atención, impresiona, pero el contenido es lo que contiene el valor. Los anuncios sobran cuando la realidad es diferente a lo publicitado

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