Editorial

La diversidad de personalidades, las diferentes condiciones sociales y económicas de las mujeres y los hombres de pueblo que desfilaron por la funeraria donde fue velado Reinaldo Pared Pérez, Secretario General Ad Vitam del Partido de la Liberación Dominicana (PLD), y la multitud que acompañó el cortejo fúnebre hasta su última morada, manifiestan el amor y respeto al fenecido dirigente.

El abanico de los diferentes sectores políticos del país se hicieron presente, confirmando la bondad y facilidad para la amistad de Reinaldo, quien la cultivaba sin importar bandería política ni la ideología o religión que se profesara.

No obstante, como dirigente y militante político era firme y defendía la causa partidaria con ardor, como lo aprendió del Gran Maestro de la Política, Profesor Juan Bosch.

En Reinaldo Pared Pérez predominó el apego a los principios, a la lealtad. Era, además, un propulsor de la unidad y de la resolución de conflictos, respetando el derecho de los demás.

El trato dado a los servidores del Senado, la camaradería con que trataba a los empleados de la Casa Nacional del PLD, a quienes llamaba a cada uno por su nombre, demuestran la sencillez de aquel muchacho de barrio que escaló posiciones por su empeño y dedicación.

Los testimonios de agradecimientos de cientos de personas evidencian el carácter caritativo de un ser extraordinario, buen padre, buen hijo, buen hermano, buen compañero.

El Partido de la Liberación Dominicana lamenta su inesperada partida, recomendando resignación a sus familiares y dando fe de que jamás será olvidado.

Los aportes que deja Reinaldo están en cada rincón de la Casa Nacional del PLD, en sus locales, en el sentir de dirigentes y militantes y en cientos de mujeres y hombres agradecidos por su solidaridad, gesto con el cual aplicó un mandato del boschismo.

Eterno descanso. Ha partido a otra dimensión un gran hombre.

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