Opinión

En nuestro país, es frecuente la aplicación de “operativos” para solucionar problemas y/o inconvenientes que ocurren en la cotidianidad.

Esa práctica, revela: planificación ineficiente; inmediatismo; populismo; etc., por parte de las autoridades. Entendemos que es imposible preverlo todo en el Presupuesto General del Estado PGE. Sin embargo, nos parece sensato hacer acopio de las experiencias ganadas al solucionar problemas que muchas veces son cíclicos, a fin de incluirlas en los planes futuros y, fortalecer así la estructura operacional del Gobierno.

Existen también funcionarios públicos que, motivados por proyectar una imagen de super eficiencia, acuden de inmediato a solucionar el inconveniente denunciado, aunque el mismo no revista la urgencia suficiente. Vale la pena recordar la máxima en Administración que reza: “Lo urgente no debe anular lo importante”.

El populismo se manifiesta mayormente, en época de elecciones; esto así, porque los candidatos oficiales y de la oposición, procuran obtener capital político a partir de la ejecución de obras y servicios a la ciudadanía, que debieran ser permanentes.

Como se puede observar, cada uno de los ejemplos precitados, describe un accionar inconsistente. En el primero (planificación ineficiente), descubre la improvisación, lo cual induce al uso excesivo de los recursos públicos disponibles. El segundo (inmediatismo), provoca que planes importantes sean relegados y

muchas veces olvidados. Y tercero (populismo), prostituye la conducta del ciudadano que, compelido por la necesidad que le agobia negocia su voto.

La INCONSISTENCIA, es una sutileza administrativa, cuyo impacto negativo tiene alcance económico, político y moral, como pudimos ver en el párrafo que antecede. El Gobierno está en el deber combatirla; una forma podría ser mediante la supervisión efectiva a la elaboración del PGE, para que los casos recurrentes sean incluidos, y reducir así, los gravosos “operativos” que, por no estar programados, provocan: gastos excesivos, postergación de planes importantes y prostituyen la conducta del ciudadano.

Ojalá, alguien con facultad y voluntad suficientes, se anime a tomar las iniciativas pertinentes para enmendar esos males que, aunque poco visibles, tienen efectos nocivos de importancia mayor. Esperemo

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