Opinión

El que un grupo de artistas e intelectuales de San José de Ocoa se congreguen y den nacimiento a lo que han denominado el Ateneo Ocoeño es un hecho notable por diferentes razones.

Primero, por el hecho en sí de dar nacimiento a una nueva institución social, cultural, que enriquece el contexto en que surge.

Segundo, y sobre todo, porque ese grupo ya venía reuniéndose desde hace un año, dando forma al proyecto y planificando actividades.

La pandemia del covid-19 no ha sido un obstáculo para alcanzar propósitos y eso también significa mucho.

Este domingo 21 de noviembre, en el Palacio Municipal, se ha llevado a cabo la primera reunión presencial de lanzamiento y comunicación del acontecimiento a la prensa.

El Ateneo Ocoeño surge así con el brío de las instituciones destinadas a durar en el tiempo y a producir lo que los pueblos necesitan hoy más que nunca: transformaciones, cambios sociales reales.

La germinación del Ateneo Ocoeño fuera suficiente para congratularnos, pero resulta que hay más.

Durante la pasada semana, la Fundación Máximo Gómez estuvo celebrando los 185 años del nacimiento del héroe de la guerra de independencia cubana.

Encuentros, charlas, lecturas y otras actividades han desafiado la pandemia y, respetando el protocolo, han puesto de relieve la figura del banilejo legendario Napoleón de las Guerrillas.

En una sociedad, nada ocurre por casualidad.

El Ateneo Ocoeño como la Fundación Máximo Gómez y todas las articulaciones que vienen brotando por doquier en nuestro país, son el resultado de un momento, de un contexto, de una toma de conciencia y de una tradición de lucha y de compromiso con nuestro pueblo.

Esa organización que crece es la más grande riqueza de un país y sus resultados no se hacen esperar.

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