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Mandatarios y ministros de 40 países adoptaron hoy en el contexto de la 41 Conferencia General de la Unesco la Declaración de París, una convocatoria a la comunidad internacional a aumentar las inversiones en la educación.

La iniciativa propuesta por la Unesco y el gobierno de Francia contó con un rápido respaldo, tras la celebración en esta capital de un foro encabezado por la directora general del ente multilateral, Audrey Azoulay, y el presidente Emmanuel Macron, quienes abordaron el impacto de la Covid-19 en la educación y la urgencia de priorizar la recuperación de este sector.

Azoulay recordó que la pandemia dejó fuera de las aulas a mil 600 millones de niños y adolescentes, con el riesgo de que una parte de ellos, residentes en países del Sur, jamás pueda retornar a las mismas.

La directora general destacó la coalición mundial creada por la Unesco para responder al reto de mantener a los alumnos vinculados a las clases, e insistió en que la crisis sanitaria ratificó el valor de la enseñanza como un bien público global.

De acuerdo con la funcionaria, si bien el escenario actual es diferente, resulta indispensable mantener la movilización, bajo la premisa de que la educación constituye «la inversión más poderosa para nuestro futuro común».

Si no invertimos en ella ahora, el costo será mucho mayor para las generaciones venideras, advirtió en el encuentro, en la segunda jornada de la Conferencia General, uno de los tres órganos de la gobernanza de la Unesco, el cual sesionará hasta el 24 de noviembre.

Por su parte, Macron subrayó la magnitud sin precedentes de la crisis educativa causada por la Covid-19 y su particular impacto en los seres humanos más vulnerables, entre ellos las niñas.

«En Francia y en todo el mundo nos comprometemos a hacer del acceso a la educación una prioridad, porque la escuela es el mejor lugar para construir un proyecto común y un destino compartido para nuestras sociedades. La escuela es la victoria de la ilustración y la ciencia sobre todas las formas de oscurantismo», afirmó.

Más temprano, la Unesco presentó el Informe sobre los Futuros de la Educación, el resultado de dos años de trabajo de una comisión liderada por la presidenta etíope, Sahle-Work Zewde.

El reporte propone «un nuevo contrato social para la educación», a partir de reformas en los planes de estudio y los métodos de enseñanza, de manera que se adapten a un panorama mundial marcado por la mundialización, el desafío del cambio climático y la revolución digital.

De acuerdo con el informe, la enseñanza debe basarse en los derechos humanos y el respeto a la diversidad cultural, la integración de la educación ambiental en todos los programas escolares y la preparación en las herramientas digitales.

El secretario general de la ONU, Antonio Guterres, y Azoulay intervinieron en la presentación del documento, el primero mediante un video.

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