Editorial

Afligida Navidad

Las celebraciones y el ambiente de alegría, característicos de la fiesta de Nochebuena y Navidad, pasaron sin gloria alguna.

Observadores de la realidad social y económica del país, así como los propios ciudadanos de a pie, llegaron a equiparar la temporada con otras de las celebraciones cristianas en las que predominan el silencio y la meditación.

Poco movimiento en calles y avenidas y tímidos festejos en los barrios y campos del país se constituyeron en la nota característica.

Las quejas por los altos precios de los productos para la preparación de la cena del día 24 de diciembre, abundan. Los compradores reaccionaron alarmados por los precios de las carnes, víveres, aceites, condimentos, telera, pastas alimenticias, entre otros, mientras los vendedores se quejaban por los reducidos niveles de la venta.

Los conductores de autobuses que viajan a provincias se pronunciaron por la reducida demanda de asientos, con pasajeros sobresaltados por los costos de los pasajes.

El famoso bono navideño, ampliamente publicitado por el Gobierno, no llenó su cometido, pues los pocos que lo recibieron no alcanzaron para nada en razón del alto costo de una cena navideña.

Las bebidas, propias para el brindis y la celebración, también con precios exorbitantes, que limitaron profundamente su adquisición.

Un largo fin de semana, propicio para celebraciones, terminó en contemplación, quejas y lamentos.

Al presentar este cuadro no exageramos ni politizamos el tema, simplemente nos ceñimos a la realidad objetiva que se puede comprobar en los hogares dominicanos, con tantas limitaciones que la profusa publicidad no pudo ocultar.

¡Cómo se han extrañado en estos días las navidades de los gobiernos del Partido de la Liberación Dominicana!

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