Opinión

Esa fue la sentencia de uno de mis compañeros de partido quien me llamó para invitarme a ser parte de la dirección de campaña interna de su precandidato favorito a la candidatura presidencial del PLD. ¿quedarme afuera? ¿de dónde? Le pregunté. “Si alguien no está adentro, definitivamente se quedó fuera”, ese inteligente juego de palabras fue la respuesta de mi amigo y compañero.

Ese pequeño intercambio me obligó a pensar en lo delicado de la política en sentido general y me presionó a tratar de analizar nuestra actual situación partidaria haciéndolo con la mayor objetividad posible.

El Partido de la Liberación Dominicana, luego de su IX congreso José Joaquín Bidó Medina, donde se establecieron las reglas y los métodos para renovar y actualizar nuestros mandos directivos y depurar el padrón de miembros, está trabajando arduamente en ese sentido. Ya que el PLD se había olvidado de su esencia y se fue convirtiendo poco a poco en una maquinaria electoral,

Paralelamente con esta reorganización, el proselitismo interno, aunque algunos dicen ha comenzado a destiempo, le ha inyectado un dinamismo a su membresía el cual, en realidad, necesitábamos. El Partido se ve vibrante y activo en todo el territorio nacional y en las seccionales del exterior. Tenemos varias precandidaturas moviéndose en diferentes direcciones, consiguiendo con esto tener bastante presencia en los medios de comunicación y en las redes sociales.

Todo eso está muy bien. ¡Excelente! Pero, en nuestra opinión, algunos están perdiendo de vista que, para entrar, primero debemos llegar al lugar. Trabajar en la táctica y la estrategia necesarias para alcanzar la meta: regresar al poder. Esto solo se puede lograr con un partido organizado. Con militantes conscientes de los pasos a seguir en cada tramo y resquicio del sendero hacia la victoria.

Si todos nos dedicáramos a trabajar en estos momentos por él o la futura candidata presidencial, vamos a abandonar la organización del Partido y el necesario trabajo en las bases y nos arriesgaremos a perder lo más por lo menos. Algunos debemos tomar la decisión de arriesgarnos a no entrar y dedicarnos a trazar y allanar el camino. En definitiva, como dice el refrán, a ser el último mono.

En estas circunstancias, los precandidatos deberían designar algunos de los miembros de sus respectivos equipos de campaña, para integrarlos a los trabajos de reestructuración. Garantizándoles que no se van “a quedar afuera”.

¿Qué pasaría si, por descuido o incapacidad no pudiéramos abrir las puertas de entrada? La respuesta es muy sencilla, ¡todos nos quedaríamos fuera!

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