Hablan los hechos

El «cubo» que ha trastornado la democracia

Notoria ha sido la pobre cobertura periodística que se les ha dado a las espantosas afirmaciones de un ex juez del Tribunal Superior Electoral en las que involucra al actual jefe del Estado en un acto de estafa política.

Quizás por la cita que se hace del Presidente de la República, los medios impresos fueron tímidos en su divulgación. Tal vez el silencio se deba a que haya funcionado de forma efectiva la maquinaria de coerción comunicativa.

Los pocos medios digitales que colocaron la información la retiraron casi de inmediato, muy probable después de una que otra llamada desde alguna oficina del palacio ubicado en lo alto de Gascue.

El ex magistrado Ramón Arístides Madera Arias recibió el privilegio, estando en vida, de que una calle de su natal Montecristi lleve ya su nombre.

Para colocar la tarja que otorga su nombre a una de las vías internas de la Ciudad del Morro, el exmagistrado fue objeto de un homenaje que aprovechó para soltar las prendas, que ha confirmado la componenda de que fue víctima el Partido de la Liberación Dominicana en el pasado proceso electoral.

Cual superhéroe, el exjuez afirmó en unas palabras que se divulgaron por las redes sociales que se la ha jugado por el pueblo dominicano, tras proclamar que es descendiente de héroes y coterráneo de mártires.

Aseguró que sus reiteradas denuncias públicas desde el TSE se convirtieron en chispas inspiradoras para la juventud de clase media que se empoderó en la defensa de la democracia y se manifestaron en la Plaza de la Bandera y a través de los cacerolazos, acción ejecutora de la conspiración en contra del PLD y sus candidatos y candidatas.

El honorable exjuez afirmar que después de su desvinculación del TSE, el presidente de la República, Luis Abinader, designó una comisión encabezada por su gran amigo Víctor D´Aza, a través de la cual le ofrecieron designarlo de inmediato en una de las mejores embajadas o un consulado de los Estado Unidos, pero indicó que lamentablemente «el presidente de la República me cubió, no cumplió conmigo, y me dejaron con el traje hecho, pero estoy vivo y sigo haciendo lo bien hecho, todo por el bien de la República Dominicana”.

Cuánto silencio ante unas expresiones que involucran directamente al Jefe del Estado. Además, la opinión pública ha extrañado la intervención de los autodenominados impolutos defensores de la democracia en el país.

Aquellos que pregonaron la existencia de impunidad y hoy santifican al Ministerio Público Independiente no han abordado el caso; al parecer no es tema de interés, pese a reivindicar al exjuez en sus sazonados votos disidentes.

«Echar un cubo» es un dominicanismo que la gente entiende cabalmente. Es un vulgar engaño, una estafa, que es lo que ha denunciado al ex juez acusando directamente al Jefe del Estado.

Pero resulta que al delatar el «cubo» de que fue objeto, el personaje en cuestión ha sacado en cara su lucha a favor de los mejores intereses del pueblo dominicano, de los pobres, de la institucionalidad del país y de la consolidación de la democracia.

Con la denuncia hecha pública ante la presencia de congresistas y autoridades municipales, el exjuez manifiesta todo lo contrario de lo que dijo, que motivó también el elogio de los participantes en el homenaje.

Dejó claro que se prestó a hacerles el juego a los sectores fácticos que conspiraron contra el PLD y las autoridades gubernamentales de ese entonces, a quienes acusaron de un fraude inexistente, motivo de aquellas manipulaciones en las que se involucraron otros personajes que corrieron mejor suerte y hoy ocupan funciones públicas o son representantes diplomáticos de República Dominicana en el exterior.

Esperamos ver la actuación del Ministerio Publico Independiente ante la confesión de un delito electoral. No debe tardar una investigación de la Dirección de Ética en esta denuncia que involucra al primer mandatario de la nación. Si eso no llega, esperamos que este daño a la democracia que ha generado la componenda confesada por el letrado, por lo menos sea conocido en el Congreso de la República.

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