Opinión

Red de protección social

En medio de la tormenta impredecible que ha sido la pandemia del COVID-19, ha quedado en evidencia la necesidad que tiene la humanidad de una economía al servicio de las personas, con un alto sentido de igualdad social. Las dificultades de estos últimos dos años nos han obligado a poner el ojo en las graves brechas sociales que existen y en sus consecuencias, especialmente en el ámbito de la salud, la educación y la protección social.

Al principio de la pandemia, cuando la empatía y la solidaridad habían alcanzado niveles sin precedentes en la historia de la humanidad, parecía posible implementar una agenda de desarrollo centrada en lo social, que postulara por un mundo donde nadie se quede atrás.

Por primera vez desde el gobierno de Franklin Delano Roosevelt, el debate político en Estados Unidos se concentró en la creación de un Estado capaz de asistir a sus ciudadanos y al combate a la creciente desigualdad social de ese país. Si nos vamos a lo que sucedió en otros procesos electorales de la región, como el de Chile o el de Honduras, el eje central de las ideas debatidas se enfocaba en la impostergable necesidad de construir capital social más que el capital económico.

En muchos casos, estas ideas se resumen en la ampliación de la llamada Red de Protección Social, que no es más que elevar los mínimos que debe garantizar el Estado a los ciudadanos que no pueden participar activamente del desarrollo económico, ya sea por la falta de condiciones individuales o por las dificultades colectivas que puedan existir.

En Alemania, el socialdemócrata Olaf Scholz, ha prometido una agenda de modernización de su país, con un enfoque hacia la agenda de combate al cambio climático y la protección social de los ciudadanos. En Estados Unidos, el presidente Joe Biden ha tratado, con dificultad, de implementar nuevos programas sociales con su “Plan para la familia americana”, que busca hacer crecer la clase media y expandir los beneficios de la economía hacia más ciudadanos y ciudadanas.

Lo que observamos en todas partes es que la Red de Protección Social es la base fundamental para impulsar a los ciudadanos hacia una mejor calidad de vida, que fue nuestra visión mientras implementados programas como Progresando con Solidaridad. Estábamos convencidos de que, al propiciar la mejora de los ciudadanos en su capacidad para insertarse al desarrollo económico, estaríamos garantizando una mejora individual y colectiva de la sociedad en general.

Por ende, en base a la experiencia y a las tendencias que observamos en todo el mundo, no se puede esperar más para invertir en una mayor y más fuerte Red de Protección Social, ampliar los programas de apoyo, especialmente los que generan capacidades para el empleo y, en particular, el empleo en la economía digital.

Ya existen los fundamentos necesarios para la evolución de los programas sociales, no se puede posponer la discusión sobre el futuro de la Red de Protección Social.

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