Editorial

Hacinamiento y sobrepoblación carcelaria

La sobrepoblación de las cárceles dominicanas y la corrupción que allí impera han salido a relucir nuevamente con la consecuente preocupación ciudadana.

Es una cruda realidad retratada en la penitenciaría de La Victoria que alberga el 35 % de la población carcelaria de la República Dominicana.

La Oficina Nacional de Defensa Pública recolocó en el debate el tema denunciando que 40 % de los presos de las 19 cárceles del modelo tradicional duermen en el suelo, que existe una gran cantidad de reclusos con problemas de salud física y mental, diversas carencias que imposibilitan la reinserción social de los internos.

Pero quien le puso la tapa al pomo al punto tratado fue el asesor del Presidente de la República en materia penitenciaria deplorando la sobrepoblación de las cárceles y el entramado de corrupción que impera en ellas.

El señor Roberto Santana, bastante alegre con los actuales gobernantes en los momentos de inicio del periodo, denunció un entramado de corrupción que funciona en la cárcel de La Victoria donde, según dijo, el encargado de seguridad recibe siete millones de pesos todas las semanas.

Roberto Santana no se quedó ahí; fue más lejos al señalar al Gobierno y a personal técnico de la Procuraduría como responsables de que la cárcel de Las Parras, llamada también la Nueva Victoria, no esté funcionando, pese a que hay edificaciones totalmente listas.

Considera que el Ministerio Público debe habilitar las edificaciones construidas en el complejo penitenciario para descongestionar la cárcel La Victoria, ya que a su entender eso no detiene el proceso de auditoría e investigación de corrupción que se lleva a cabo.

Las razones por las cuales no ha podido funcionar la nueva penitenciaría, un recinto con capacidad para más de 8 mil reclusos con el que se procuró superar el hacinamiento y las condiciones inhumanas habituales de los presidios del país, tiene que ver con la miopía política, que insiste en presentar las modernas edificaciones, construidas con dinero de los contribuyentes, como prueba en una acusación de sobrevaluación a un funcionario público de la pasada gestión, que no ha sido su contratista o responsable de empresa contratada.

Siempre se ha dicho que la pasión nubla la razón. Y cuando a la pasión se la acompaña con la miopía política y administrativa el resultado es la lamentable situación que viven actualmente los presos dominicanos.

últimas Noticias
Noticias Relacionadas