Opinión

Cumbre de Las Américas

Los países del continente americano tienen que priorizar la integración económica y las iniciativas para el desarrollo social de la región. Propiciar una visión común a futuro en el nuevo continente, en la forma de un “pacto para el desarrollo y la prosperidad”, como se estableció en la Declaración de Principios de la primera Cumbre realizada en Miami, en la que se aprobaron 59 mandatos, que luego fueron reforzados en las siguientes ediciones de la Cumbre.

En otros espacios y en esta misma columna, hemos planteado la importancia de priorizar la integración regional para potenciar el futuro de nuestros pueblos y, sobre todo, para enfrentar la gran desigualdad social que afecta a América Latina.

Si la Cumbre de las Américas no logra generar esperanzas sobre cómo mejorar las condiciones sociales de la mayoría de los países que asisten al cónclave, no será más que un encuentro de buenas intenciones y buen material audiovisual.

Si bien es cierto que la emergencia climática y la necesaria recuperación económica son temas esenciales que guiarán la mayor parte del debate durante la Cumbre, el llamado que deben hacer los países en vías de desarrollo, como el nuestro, es a que las medidas prioricen o estén atadas a mejoras sustanciales en los indicadores de salud, educación, inclusión financiera, combate al hambre y la pobreza, avance de la institucionalidad y combate a la corrupción.

Como siempre sucede, este tipo de encuentros son impactados por las ideologías políticas que tienen mayor preeminencia en cada país participante, pero si hay suficiente voluntad política, se pueden corregir algunos fallos del diseño de la Cumbre, sobre todo en lo relativo al seguimiento a los acuerdos asumidos.

Uno de ellos es el hecho de que la Cumbre se realiza cada tres años, cuando en la realidad se requieren reuniones por región que fortalezcan el seguimiento y la atención adecuada a los temas tratados. Enfocar las discusiones temáticas en cada región permitiría aterrizar mejor las propuestas y asegurar que reflejen las realidades de cada país.

La Cumbre tendrá que prestar especial atención a la situación económica mundial, a la crisis de aprovisionamiento, a la guerra en Ucrania y a la disparidad en las medidas para enfrentar la pandemia.

Un punto luminoso será lo que surja de la Cumbre que reúne a la sociedad civil y la juventud, que aportarán una mirada interesante e integral sobre las propuestas que pueden movilizar a los grupos sociales. Debemos poner especial atención en los jóvenes, porque serán ellos los que tendrán que tomar las riendas para enfrentar las situaciones que hoy se van gestando.

La diversidad de nuestros pueblos encuentra un punto común en los retos que debemos enfrentar. Enfrentamos retos profundos que el populismo impide abordar correctamente. Pero el diálogo político es un primer paso positivo. Lo más importante es que haya compromisos serios y concretos, con seguimiento estrecho.

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