Opinión

La injusta campaña de descrédito contra Gustavo Petro​

Por Alfredo Cruz Polanco

En las elecciones presidenciales celebradas en Colombia el pasado 19 de este mes de junio, resultó vencedor en la segunda vuelta, con el 51% de los votos emitidos, el candidato del Partido Colombia Humana y de la coalición de partidos denominada Pacto Histórico, el economista Gustavo Preto Urrego, convirtiéndose en el presidente número 42 y el primero de un partido de izquierda en ser electo en ese país. El candidato perdedor fue el empresario Rodolfo Hernández, quien reconoció su derrota de inmediato.

Petro ha sido concejal, senador, alcalde por Bogotá, miembro de la Cámara de Representantes de Colombia. Fue miembro de la guerrilla del M-19 durante su juventud. Es una persona de paz, conciliadora, equilibrada, tolerante, prudente, concertadora, respetuosa de los derechos humanos, que apuesta a un gobierno de unidad nacional, sin exclusiones.

Luego de ser electo presidente, Petro ha sido objeto de una campana despiadada de descrédito, difamación, insultos y de falsas acusaciones, la cual no es fortuita, pues proviene de los principales medios de comunicación y de sectores oligárquicos comprometidos y conservadores que responden a intereses norteamericanos, la cual procura confundir, desprestigiar su bien ganada imagen personal y política y de crear un clima de desconfianza, de incertidumbre, de inestabilidad económica, política y social en el hermano país de Colombia, uno de los países de mayor tradición democrática de América Latina.

Realmente las ideologías de “izquierda” y de “derecha” son cosas del pasado, lo que existen son ideas progresistas y conservadoras. El presidente Gustavo Petro es un abanderado de las primeras. Es lamentable que en pleno siglo XXI, todavía se critique, difame y se injurie a un presidente por el simple hecho de enarbolar este tipo de ideas, pero que actúa como un demócrata a carta cabal, en procura de llevar a cabo las grandes reformas económicas, políticas y sociales que requiere ese país.

Cada vez que se escogen como presidentes a figuras con ideas progresistas y liberales, que defienden la soberanía de sus respectivos países; que actúan aferrados a sus principios patrióticos y morales, que no actúan como marionetas ni se dejan doblegar por los intereses norteamericanos, de inmediato son acusados de comunistas, satanizados y desacreditados ante el mundo.

Esto mismo ha ocurrido con figuras de la categoría de: Juan Bosch (Rep. Dominicana), Salvador Allende y Michelle Bachelet (Chile), Luis Arce y Evo Morales (Bolivia), Luiz Ignacio Lula Da Silva y Dilma Roussett (Brasil), Pedro Castillo (Perú), Pepe Mujica (Uruguay), Andrés Manuel López Obrador (Méjico), Manuel Zelaya en Honduras, entre otros.

Todos han actuado aferrados a la constitución de su país, han dado muestras de ser verdaderos demócratas, pues han contribuido con el crecimiento y el desarrollo económico de su país, no han aceptado propuestas indecentes y corruptas, han protegido y defendido los recursos naturales, han permitido todo tipo de libertades y respetados los derechos humanos. Algunos de ellos fueron derrocados, encarcelados, desterrados y asesinados.
En todas las posiciones políticas que Petro ha ocupado, ha colocado los intereses de su país por encima de los particulares, por lo que no debe existir ningún tipo de temor ni desconfianza en su contra. Ojalá lo dejen gobernar y ejecutar su programa de gobierno.

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