Opinión

Seguridad alimentaria en un escenario de guerra

Recientemente Finlandia y Suecia anunciaron su decisión de solicitar el ingreso de sus países a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), cruzando una línea que en varias ocasiones Rusia ha expresado respondería con “pasos de retaliación”. Mientras tanto, en el epicentro del conflicto Rusia-Occidente, la guerra en Ucrania continúa y todo indica que será más larga de lo originalmente previsto.

Esta creciente tensión geopolítica presiona aún más los precios de los combustibles y los alimentos, y cada país empieza a tomar medidas para combatir la inflación. Dentro del conjunto de medidas posibles, hay una en particular que calma temporalmente el aumento de precios, pero que genera serios problemas para el comercio mundial: restricción o aumento de impuesto a las exportaciones.

Limitar las exportaciones, aunque popular en los inicios, desestabiliza el comercio internacional, reduce la oferta agregada y genera mayores aumentos en los precios internacionales de las materias primas. Estos nuevos aumentos crean mayor incentivo a que los países productores limiten las exportaciones, y con esto se genera un círculo vicioso que podría poner en peligro la seguridad alimentaria.
De hecho, Indonesia ha puesto restricciones a las exportaciones de aceite de palma, mientras que India prohibió las exportaciones de trigo, por solo citar dos ejemplos. Según el Instituto de Investigación de Política Alimentaria (IFPRI), ya 20 países han limitado las exportaciones de bienes desde que inició la guerra. En el futuro, puede que un mayor número de países opte por este tipo de disrupciones al comercio internacional.

La pérdida de las cosechas de Ucrania, las dificultades para el comercio internacional de productos rusos, la extensión del conflicto Rusia-Occidente y las auto-impuestas limitaciones a las exportaciones de algunos países, pudieran generar mayores aumentos de precios de las materias primas y poner en peligro la seguridad alimentaria mundial. Al respecto, varios organismos internacionales como la FAO y el FMI han advertido recientemente sobre los riesgos de una “crisis alimentaria”, y los más afectados serían los países importadores netos de materias primas, como la República Dominicana.

Este escenario cada vez má complejo no quiere decir que hay una crisis “a la puerta de la esquina” y que debemos entrar en pánico, pero sí indica que como país debemos iniciar una adecuada gestión de riesgos, prever todos los escenarios posibles (incluyendo el peor escenario) y tomar con tiempo las medidas preventivas de lugar.

Algo similar ocurre cuando compramos un seguro de vehículo, pagamos dicho seguro no porque estemos convencidos de que nos va a ocurrir un accidente, sino porque en caso de una eventual tragedia, sale menos costoso y más conveniente estar asegurado.

En ese sentido, el equipo económico del gobierno ha tomado algunas medidas precautorias que han sido beneficiosas. Por un lado, el seguro de precios del gas natural adquirido por el Ministerio de Hacienda en 2021 ha mitigado el alza de los precios del gas, mientras que las altas reservas internacionales del Banco Central fortalecen la capacidad de la economía de enfrentar aumentos en los precios de las importaciones. Aunque esto es positivo, es insuficiente, pues la clave está en la política agropecuaria.

Una adecuada gestión de riesgos de seguridad alimentaria implicaría abandonar la obsesión del gobierno con las importaciones, tanto por apreciación cambiaria como por reducción de aranceles. El panorama internacional obliga a fortalecer los sectores productivos dominicanos para duras y largas batallas, en lugar de golpearlos con la promesa de que “será solo por 6 meses”.

En ese orden, deberíamos planificar una extensa siembra de maíz y sorgo de semillas de variedades de alta producción y genética mejoradas, productos en los que actualmente la República Dominicana es poco competitiva, pero que son cereales que se tornan estratégicos ante eventuales riesgos de escasez mundial.

Asimismo, debemos implementar un ambicioso programa de infraestructura rural, pues además de aumentar la productividad y reducir los costos de producción de alimentos, protegen la producción ante desastres naturales.

Por último, podemos pensar en contratos de futuros para algunos cereales como trigo y soya, combinado con la construcción y ampliación de los silos de almacenamiento en el país.

En conclusión, aunque no podemos cambiar el escenario internacional, podemos prepararnos lo mejor posible ante posibles choques adversos, preservando así la seguridad alimentaria de los dominicanos.

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