Seguridad Vial

Vendedores ambulantes y seguridad vial

Por: María Hernández

A todos nos satisface desplazarnos por las vías como conductores o peatones y encontrar en el camino lo que necesitamos para completar el almuerzo, la cena, quizás alguna botella de agua o cualquier bebida refrescante. Son muchos los padres de familia que, a través de esta economía informal que representa la venta en las calles, se ganan el sustento diario de los suyos.

Sin embargo, ese complicado trabajo debe ser regularizado para que vendedores y compradores no vayan a resultar lesionados por algún accidente de tránsito lamentable en las vías.

Como no existe ningún tipo de organización con esos negocios los vendedores no tienen horarios ni lugares específicos y muchos utilizan el cambio de la luz de un semáforo para en fracciones de segundos pararse al lado del vehículo y ofrecer una gran variedad de productos que van desde aguacates, mangos, chinolas, naranjas, guayabas, semillas, peces y hasta perros.

Muchos se suben en los autobuses de la Oficina Metropolitana de Servicios de Autobuses (OMSA) o en minibuses a vender chocolates, galletas, maní, paletas, bolones, mentas de yogur, lapiceros, cepillos dentales, forros de celulares, entre otros.

Los vendedores ambulantes que lo hacen en guaguas pequeñas o camionetas se detienen en vías rápidas, en lugares que representan un peligro para los demás conductores que transitan por el lugar. Es típico ver a esos vendedores en vías como la Ecológica y la avenida Hípica, en el municipio Santo Domingo Este, por el activismo que ha tomado la zona luego de la construcción de la Ciudad Juan Bosch en la pasada gestión del Partido de la Liberación Dominicana (PLD) que encabezó el presidente Danilo Medina.

En esa oportunidad, en una encuesta de hogares realizada, en 2018, por el Banco Central de la República Dominicana se determinó «un incremento en el bienestar y poder de compra de los dominicanos, produciéndose una mejoría en su calidad de vida, cónsono con la reducción de los niveles de pobreza que ha experimentado el país en los últimos años», concluye el documento. Sería interesante ver los resultados de encuestas similares en este 2022.

El incremento en las calles del número de vendedores ambulantes es una forma de medir la cantidad de personas que están desvinculadas del trabajo formal y que para sobrevivir han tenido que hacer lo que más rápido les deja beneficio en lo que aparece algo mejor que hacer.

Por lo general, los venduteros ambulantes son personas jóvenes de 25 años en adelante y los ayudantes algunas veces no cumplen los 18 años y en muchos casos no están alfabetizados.

Hace unas dos semanas quedamos impresionados al ver que todos los vendedores de la 27 de Febrero con Máximo Gómez, muy cerca del Metro estaban detrás de los barrotes que protegen el Palacio de los Deportes. La explicación que daban era que las autoridades no se sabe si de la alcaldía o del Ministerio de Deportes no querían que estuvieran en las aceras. Hace varios días ya se encontraban en sus antiguos lugares improvisados de trabajo. En esa situación había coqueros, paleteras, fruteros, vendedores de bebidas que proporcionan energía y otros.

Dentro de esos vendedores hay muchos ciudadanos del vecino Haití que según afirman personas con dinero les han ayudado a poner sus negocios, así como algunas ONGS. Es muy penoso ver un camión del ayuntamiento del Distrito Nacional llevando paleteras, fruteras y vendedores de todo tipo intentando poner el orden en la ciudad que ya no tiene espacio para nuevos puestos de ventas callejeras.

Ya en el año 2017 los inmigrantes haitianos se habían convertido en los controladores del mercado de vendedores ambulantes en numerosas intersecciones de la capital, de acuerdo a datos publicados en el periódico Listín Diario de la fecha.

Además, según escrito del periódico Acento.com sobre los vendedores ambulantes se determinó que en el Diccionario de la Lengua Española un buhonero y un vendedor ambulante tienen el mismo significado tanto para la República Dominicana como para Venezuela, pero esta acepción no se adapta ya a la realidad de los vendedores ambulantes que en la actualidad se caracterizan por vender alimentos de tipos perecederos y de rápido consumo, como ya hemos mencionado antes.

Las aceras están llenas de anafes y otros equipos de cocina en donde se ofrece hot dog, maíz y batata asada, entre otros que obstaculizan el libre tránsito de los peatones, en especial debajo del elevado de la 27 de Febrero.

Los puentes peatonales principales de la capital y de diferentes municipios y provincias se encuentran abarrotados de vendedores ambulantes que conjuntamente con las personas que tienen alguna condición física especial y piden dinero obstruyen el libre tránsito de los peatones. Como ejemplo se pueden citar el Puente peatonal del kilómetro 9 de la autopista Duarte, puente peatonal de El Farolito, puente peatonal de la 27 de Febrero con Ortega y Gasset, entrada del Metro del Kilómetro 9, entre otros lugares.

Otras avenidas bastante frecuentadas por los vendedores son la Abraham Lincoln con 27 de Febrero, Tiradentes con John F. Kennedy y la Isabel A. Guiar en la mayoría de sus intersecciones, así como la bomba del kilómetro 12 de la carretera Sánchez, Américas con Sabana Larga y otros.

Regularización, esa es la palabra clave, sin maltratos y dialogando con los vendedores para que se coloquen en vías alternas y de poco tránsito en donde no interrumpan el flujo de vehículos ni se vean expuestos a cualquier tipo de accidentes de tránsito.

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