Opinión

Deserción y abandono escolar

Es muy preocupante y desolador el dato que arroja una reciente investigación de un medio periodístico sobre la deserción y el abandono escolar en nuestro país.

En primera instancia, según datos del Ministerio de Educación, unos 684 mil estudiantes que habían tomado clases en el 2019-2020, no se inscribieron para el año escolar 2020-2021.

El dato es muy superior a lo que habíamos observado en los escenarios prospectivos que elaboramos mientras estuvimos en la Vicepresidencia de la República, con el apoyo del Oxford Poverty and Human Development Initiative (OPHI). Con datos del Sistema Único de Beneficiarios, habíamos previsto que para el año escolar 2020-2021, el incremento de la inasistencia escolar pasaría de un 9% a un 13.2%, en el escenario más moderado, y hasta un 17.9% en el escenario más severo.

Si más de 684 mil estudiantes no se inscribieron el año pasado en la escuela, esto representa alrededor del 25% del total de estudiantes convocados a las aulas, que para el momento era la virtualidad.

¿Qué hicieron estos alumnos y alumnas durante ese año? ¿Cómo recuperar ese año perdido totalmente para ellos? ¿Cayeron víctimas del trabajo infantil?

Para el año escolar que recién culmina, el Ministerio de Educación convocó 2.5 millones de estudiantes a las aulas. Aún cumpliendo esa meta al 100%, hay un alto número de alumnos y alumnas que desertaron o abandonaron sus estudios, por alguna razón que desconocemos, pero que debemos investigar a profundidad, porque estamos hablando del futuro de la nación.

El riesgo del aumento en la deserción y el abandono era inevitable en el contexto más duro de la pandemia.

Pero pasados casi 2 años y con el país sin restricciones, las razones que impiden a los alumnos y alumnas acudir a los centros de educación deben ser de otra índole, comenzando por las capacidades y/o dificultades económicas de sus padres, la disponibilidad del centro educativo, la necesidad de atenciones especiales o cualquier situación de otra índole.

El Estado dominicano cuenta con las herramientas sociales necesarias para enfrentar este flagelo, comenzando con las visitas domiciliarias que se hacían antes en Progresando con Solidaridad, que servían para identificar situaciones en el hogar que impidieran la asistencia escolar.

La génesis y razón de ser del Incentivo a la Asistencia Escolar es justamente esa, garantizar que los padres dispongan de condiciones para que sus hijos acudan a las aulas.

Lo mismo con el Bono Escolar Estudiando Progreso que fue diseñado para evitar la deserción y el abandono entre estudiantes de secundaria, justamente los que más expuestos están a la delincuencia, el crimen organizado, el embarazo adolescente y otros flagelos que los llevan a dejar la Escuela.

Hay que abordar esta preocupante situación como sociedad, cada quién asumiendo su rol, para garantizar que nuestros hijos e hijas sigan educándose, porque esa es la mejor inversión para el futuro del país.

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