Opinión

Hacia dónde vamos

Por Euclides Gutierrez Felix

La República Dominicana vive momentos difíciles, que al parecer las autoridades, los partidos políticos que estamos en la oposición y sectores independientes, entre ellos, gran cantidad de medios: escritos, radiales y televisivos, parece que no tienen sensibilidad y enfrentan con responsabilidad, con pocas excepciones de nuestro destino como nación y Estado Republicano Independiente, con un largo y admirable valor y con extraordinaria capacidad agrícola, y desarrollo económico, que tradicionalmente el autor de esta columna, a escuchado que el pueblo ha sido bendecido por ¨La mano de Dios¨.

Lo hemos descrito como ¨País Pequeño, Hermoso, Productor, Rico y Valiente¨, que se distingue en la composición de los pueblos calificado como la séptima economía, incluidos los de Centro América, Sur América y las Islas del Caribe.

Dentro de esa difícil situación que vivimos, el problema más grave es el del ¨Conglomerado humano¨, conocido por el nombre de Haití.

Según las últimas informaciones en diferentes medios de comunicación desde el inicio de este año, 2022, se ha desatado en Puerto Príncipe, capital de ese país, una guerra de violencia extraordinaria, con arma de fuego de calibres que reciben el título ¨de armas de guerras¨, que se calcula que ha ocasionado la muerte a más de 500 personas y ha obligados a numerosas familias a movilizarse fuera del sector donde residen, lo que ha ocasionado que queden en el abandono más de 700 niños; pero además de esa lamentable situación que se vive en la parte Occidental hay otras que representa en los momentos actuales en proyección hacia el futuro de un trágico destino.

El alcalde de Dajabón, comunidad fronteriza, está denunciando que los haitianos se están posicionando, ocupando los parques y lugares públicos y al parecer las autoridades políticas, municipales, así como la policía y las tropas del ejército, no tienen la autorización para sacar a esos intrusos.

Las autoridades estadounidenses, de Cuba, de Chile y otros países del Continente desalojan y expulsan a miles de haitianos que ilegalmente quieren establecerse como lo están haciendo aquí; y por eso es que estamos preguntando: ¨Hacia dónde vamos¨.

Parece realmente que la nación es un barco sin capitán y sin rumbo, que como ¨Solitario actor de su propio destino¨, se verá obligado a recordar las batallas de marzo de 1844, y las dos que fueron decisivas como las de Santome, La Canela, Cachimán, El Número y Sabana Larga, encuentros militares con tropas superiores en números y armamentos de Haití, sentando un precedente en la historia militar de las guerras americana.

Ese precedente fue en la parte final de la batalla de Santome, librada el 22 de diciembre de 1855, cuando el general José María Cabral obligó al general haitiano Antonie Pierre, a desmontarse del caballo en el que se retiraba en el campo de batalla, para iniciar un duelo personal a sable.

En rápido y certero ataque, Cabral decapitó al jefe haitiano en presencia de las tropas agotadas por la ferocidad del combate. Ese hecho trascendió las fronteras hasta el extremo que en Haití llamaban Cabral, a todo hombre valiente. Y lo decimos porque los que nos enfrentamos a las tropas norteamericanas a partir del 28 de abril 1965, somos herederos legítimos de José María Cabral.

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