Opinión

Somos corruptos

Hace días, en uno de mis artículos, afirmé que el problema de quienes dirigen el Estado, en todos nuestros gobiernos, no es la corrupción en el manejo del erario, si no la incapacidad y el miedo de tomar decisiones. Alguien que lo leyó me preguntó: ¿consideras que nuestros políticos son corruptos cuando están en un cargo público?

De alguna manera desde joven he estado involucrado en la política y conozco la realidad de nuestros principales partidos, su dirigencia alta y media, los miembros de la base, todos con luces y sombras, y estoy convencido de que la mayoría, desde abajo hasta arriba, llega a la administración con buenas intenciones para el manejo de los recursos. Naturalmente, algunos ceden a las malvadas tentaciones y esos hacen mucho ruido, a diferencia de aquellos que, calladamente, mantienen su honradez.

Por la condenable conducta de unos pocos, no se puede juzgar al conglomerado. Observemos en las instituciones el comportamiento colectivo, no el de unos pocos. Los cultivos de manzanas, por mejor cuidado que estén, siempre darán algunas frutas indeseables.

Cuando éramos jóvenes, en las tertulias discutíamos sobre el origen del bien y del mal. Recuerdo que fui –y soy– abanderado de la tesis de Jean-Jacques Rousseau en el sentido de que el hombre es bueno por naturaleza y la sociedad lo corrompe; otros se inclinaban por pensar como Nicolás Maquiavelo y alegaban que el hombre es malo por naturaleza.

También defendía con energía mi confianza en el ser humano, sin dejar la prudencia de lado. Si alguien –les expresaba a mis amigos– me engañaba o me decepcionaba, era el precio que debía pagar por creer razonablemente en la gente.

Desde que tengo uso de razón soy católico. He conocido muy de cerca a cientos de sacerdotes, religiosos, diáconos, presidentes de Asamblea, promotores de las enseñanzas de Jesús y al pueblo llano que asiste a la Iglesia. También he tratado a miembros de iglesias hermanas que están entregados a su causa con nobleza.

Tengo 35 años ejerciendo la abogacía y un altísimo porcentaje de los profesionales del derecho con los que me comunico actúan con ética. A mis conclusiones agrego otras áreas en las que participo. Son reflejos de nuestra sociedad, la que avanza en términos morales.

Y concluyo con la respuesta al amigo: en términos generales, nuestros políticos no son corruptos, y los que los son se notan de inmediato, su nivel de vida los delata, aunque es evidente que en esa materia nos falta mayor control y sanción, pues se peca por omisión y por comisión; gracias a Dios, el pueblo vigila y cada vez tolera menos el robo desde el poder.

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