Opinión

Tambores de guerra y un coro de paz

Información es poder reza un adagio, lo que no agrega el dicho es que los extremos tienden a ser peligrosos; todo con moderación y sin excesos decía la abuela. El bombardeo noticioso las 24 horas por los sistemas informativos escritos, radiales, televisivos y por las redes sociales se traduce en un permanente estado de tensión emocional que arropa a nuestro cerebro y lo agota. La guerra en Ucrania y la amenaza militar en el continente asiático, combinado para los dominicanos con la inestabilidad sociopolítica reinante en el vecino país de Haití donde bandas armadas se han constituido en poderes fácticos, nos mantienen en vigilia permanente.

El solo hecho de que estén envueltas las mayores potencias mundiales con capacidad para iniciar un conflicto bélico nuclear es suficiente para privar del sueño al más calmado de los pensadores futuristas.

Los avances tecnológicos que permiten el envío de drones con carga explosiva a cualquier punto determinado del globo fuerzan a una constante vigilancia entre las partes, ya que hace tiempo que se perdió la confianza mutua.

México lidera en América del Norte la cantidad de periodistas ultimados en lo que va de año. Afganistán, Irak, Siria y Palestina son muestras fehacientes de la violencia mortal en el Oriente Medio.

¡Ironía terrícola! Incapaces de ponerle fin al clima de violencia, agresión al medio ambiente con el resultante calentamiento global, hemos decidido invertir grandes recursos en la exploración de otros planetas de nuestro sistema solar.

Es tarea urgente de esa parte buena de la humanidad que es mayoría, hacerse sentir en todos los medios habidos y por haber con un fuerte coro de vida que vaya de uno a otro confín del universo.

El presidente mexicano Andrés Manuel López Obrador ha dicho lo siguiente: “No a las provocaciones, no a la guerra. No queremos hegemonías en el mundo. No es mucho pedirle a Estados Unidos, a Rusia y a China que acepten esta propuesta. Y se podría plantear en la ONU. Ningún gobierno del mundo puede y debe actuar de manera irresponsable”.

Son esas las voces que deben sumarse al coro universal que clama por una atmósfera de vida, salud, bienestar y progreso para todos los que habitamos el planeta tierra.

¡Que a nadie se discrimine por su etnia, cultura, religión y costumbres! Que nadie se imponga sobre nadie; sumemos y reforcemos todos los puntos de coincidencia respetando las diferencias.

Construyamos puentes de amor entre terrícolas; resucitemos a John Lennon y convirtamos su himno imaginario en canto universal: “Imagina a toda la gente/ viviendo en paz/ Puedes decir que soy un soñador/ pero no soy el único/ Espero que un día te unas a nosotros/ Y el mundo entonces será mejor/ Imagina a toda la gente/ compartiendo todo el mundo”.

¡Paz y amor para todos!

Los fabricantes de armas están de pláceme pues la lucha armada fratricida sigue su agitado curso en el África, donde la hambruna y las enfermedades tropicales muestran características de endemia centenaria.

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