Opinión

Hasta hace poco, antes de las redes sociales, recuerdo el cuadro “La persistencia de la memoria” de Salvador Dalí, el tiempo se derretía. Se alargaba.

Hoy es distinto. El tiempo se encoge.

Por ejemplo, el tiempo de los gobiernos se achica presionado por los altos precios de los alimentos, de las medicinas, de las hipotecas y del alquiler del dinero (préstamos), también por escándalos y asuntos intrascendentes. Lo hace a una velocidad hipersónica.

Cuando un gobierno viene a darse cuenta, tiene el misil/problema encima y es tarde para reaccionar.

Este fenómeno del tiempo encogido lo vivieron Fernández en Argentina, Johnson y Truss en Reino Unido, Adern en Nueva Zelanda, Sturgeon en Escocia, Andersson en Suecia, Marin en Finlandia, Boric en Chile, Lasso en Ecuador. En España, hace unos días el partido de Pedro Sánchez fue barrido en las elecciones municipales y debió convocar elecciones generales para julio de este año. Scholz en Alemania y Petro en Colombia están en repentinos apuros.

En República Dominicana la onda expansiva del fenómeno tocó, parece ser, al gobierno.

El Banco Central bajó 50 puntos a la tasa de interés de política monetaria, logró que la Junta Monetaria autorizara la liberación de 94,000 millones de pesos del encaje legal como estímulo monetario y liquidez bancaria e informó que la inflación se situó en el rango meta. Todo servido en 48 horas.

Aunque el líder opositor y candidato presidencial del PLD Abel Martínez termina sus discursos con “Aguanten, que falta poco” con miras a las elecciones del año que viene, el malestar en la sociedad dominicana podría estar escalando, encogiendo el tiempo gubernamental.

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