Editorial

El ausentismo gubernamental a una semana del impacto del disturbio tropical que afectó la República Dominicana confirma la indiferencia mostrada por funcionarios y dependencias estatales.

Una verdadera tragedia con un saldo de víctimas mortales y enormes daños a la propiedad, incluyendo destrucción de cultivos, que más temprano que tarde nos llevará a serias dificultades en el suministro de alimentos.

Un ministerio de Agricultura empeñado en poner números a los daños, mientras los productores agropecuarios están con las manos en la cabeza en espera de asistencia, recursos, maquinarias para arreglar caminos o simplemente limpiar terrenos para ver qué pueden recuperar.

Otro gran ausente ha sido el Banco Agrícola. Como ha acontecido después del paso por el país de otros fenómenos atmosféricos, el Bagrícola no cumple su responsabilidad de poner a disposición de los pequeños productored recursos y facilidades porque su prioridad son los préstamos a sus allegados del comercio para importaciones de rubros que se producen localmente.

Un país en duelo con un gobierno presidido por un jefe de Estado que habla, habla y al final nada dice.

Horas después de la tragedia ante la ‘vitrina de los lunes’ el mandatario presenta imágenes y recaba la opinión de técnicos para justificar que los que son resultados del descuido y falta de mantenimiento se deben al cambio climático.

Es innegable esa variante del medio ambiente que ha mudado las temporadas lluviosas a noviembre y elevado los grados de temperaturas. Eso se sabe. Lo que resulta incomprensible es que sabiendo eso no se tomen las medidas preventivas necesarias para enfrentar la situación y se incurra en el despropósito de permitir el funcionamiento de dos barcazas generadoras de electricidad en Azua sin pensar en el cambio climático.

En las gestiones del PLD con el anuncio de disturbios, ondas o tormentas las autoridades se preparaban de manera anticipada y preventiva para socorrer a los ciudadanos vulnerables; lo propio se hacía posterior al paso de fenómeno; todas las instituciones estaban listas y preparadas para iniciar los trabajos que permitieran volver a la cotidianidad.

En los barrios y sectores citadinos, en los campos devastados, la gente se ha quedado ahora esperando que se ejecute un plan de contingencia que solo se ha visto en titulares de periódicos y en anuncios de funcionarios.

Como señal esperanzadora desde «Vanguardia del Pueblo» y el PLD decimos con Abel Martínez, nuestro candidato presidencial, ¡Aguanten que Falta Poco!

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