Opinión

Por Claudia Rita Abreu | Los años pasan, se supone que avanzamos, sin embargo, la violencia de género y los feminicidios no disminuyen.

La prevención es deficientes, porque no cuentan con las alertas y los mecanismos de intervención oportuna, sobre todo, porque aún sigue siendo difícil de creer, para muchas de las víctimas de abuso, que tu pareja te termine matando, y todavía, hay quienes creen que las amenazas se quedan hasta ahí, por una rabia del momento.

Debemos lograr alcanzar la educación ciudadana adecuada que fomente una cultura de tolerancia y respeto, sobre todo enfocada en las nuevas generaciones.

No tanta juventud dominicana ha logrado una sensibilidad pertinente respecto a los derechos igualitarios entre hombres y mujeres, así lo evidencia la cantidad de tragedias y feminicidios que son perpetuadas por hombres jóvenes. Lo que indica que las mujeres jóvenes siguen expuestas a ser posibles víctimas de asesinato por parte de sus parejas en el transcurso de sus vidas, y esta proyección hay que variarla y continuar con la visibilización del problema, mientras, algunos insisten en seguir produciendo música y contenidos que no colaboras con la causa, más bien, al contrario.

La cultura ante una NO violencia de género, comienza cuando se reconoce que no exageramos negándonos a aceptar la normalización de la violencia expresada en el lenguaje, en las bromas sexistas y en las etiquetas que les atribuyen a las mujeres para justificar ser castigadas por comportamientos comunes y normalizados en los hombres, que nada tiene que ver con conductas inapropiadas.

“Eres chismoso como una mujercita” “pareces una Doña de patio de tanto que peleas” “lloras como mujer lo que no pudiste defender como hombre”, son estereotipos irreales, pero que quedan en el ideario de las personas.

Realmente ni el chisme, ni el pleito, ni el llanto tienen género, cualquier persona puede ser peliona, estar triste o ser chismosa, ya sea hombre o mujer.

La alta tasa de embarazo infantil y adolescente, es otra manera de violencia, por una parte porque son muchas las niñas embarazadas producto de violación o incesto, víctimas desde sus propios hogares por familiares y amigos cercanos, que deberían de protegerlas, y otras , porque son víctimas de la ignorancia y la falta de acceso a la educación sexual, emocional y reproductiva, como a políticas públicas comunitarias que mitiguen esta triste realidad, de la cual, ni siquiera son conscientes.

Las mujeres políticas, también somos foco de violencia política de género, que implica desde la falta de respeto, el cuestionamiento sobre nuestra vida personal (cosa que no sucede con los hombres), como también, acoso en los medios digitales por su apariencia física, entre otros.

A veces siento que recibir noticias de feminicidios ya no sorprende o indigna tanto, es como si estuviésemos normalizando estas tragedias porque se nos haga común, y no podemos caer en esa actitud, debemos de fomentar el repudio ante dicha práctica.

¡POR EL FIN DE LA VIOLENCIA CONTRA LA MUJER!

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