Opinión

Por Juan Ariel Jimenez | La naturaleza nos está pegando duro, muy duro. En apenas doce meses el país ha tenido el verano más caliente de su historia, así como dos episodios de lluvias torrenciales que han causado estragos en la población. Si nos quedaba alguna duda del cambio climático, ya hemos tenido suficiente evidencia.

Y es que la madre naturaleza nos está pasando factura por el exceso de emisiones que durante siglos fuimos acumulando en nombre del crecimiento económico y del progreso. Lo triste del caso es que muchos países como la República Dominicana están pagando por un daño histórico del cual tienen muy poca culpa, pero que igual nos toca pagar justos por pecadores.

Si analizamos las emisiones acumuladas desde la Revolución Industrial a la fecha, la gran mayoría de estas han sido emitidas por las naciones desarrolladas. Los países de la Unión Europea y Reino Unido han sido responsables de aproximadamente 40% del total, algo esperable dado que fueron las primeras sociedades en industrializarse. Por su parte, Estados Unidos ha sido responsable de 22% del total acumulado, seguido por China (9%), Rusia (6%) y Japón (3%).

El crecimiento industrial y poblacional de los países desarrollados generó una cantidad tal de emisiones de gases de efecto invernadero, como el dióxido de carbono y el metano, que se alteró la atmósfera a tal nivel que hoy día se dificulta la salida del aire caliente del planeta Tierra, generando así el fenómeno del calentamiento global.

Este incremento en la temperatura es el causante de transformaciones climáticas importantes, generando entre otras cosas climas extremos como el exceso de calor en la República Dominicana y el exceso de frío en algunos lugares de Norteamérica. Asimismo, cada vez se produce una mayor cantidad de eventos climáticos extremos, donde en un mismo año un país puede experimentar una fuerte sequía, y en cuestión de semanas recibir lluvias incontrolables.

Lo triste de la situación es que los países en vías de desarrollo son los que pagarán las mayores consecuencias del cambio climático, a pesar de ser responsables de menos del 15% del total de emisiones históricas. Este fenómeno se conoce como injusticia climática, un término que describe la disparidad entre los que han causado el cambio climático y los que más lo padecen.

A modo de ejemplo, los modelos predictivos del premio Nobel de Economía, William Nordhaus, indican que los países en vías de desarrollo tendrán cerca de 87% del costo del cambio climático para 2035, según un artículo del Centro para el Desarrollo Global.

En particular, un grupo de países que la comunidad científica prevé enfrentará fuertemente los estragos del cambio climático son los pequeños estados insulares, es decir, los países como la República Dominicana.

Según el informe de 2022 del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC), las islas pequeñas tendrán una mayor cantidad e intensidad de ciclones tropicales, cambios en los patrones de lluvia, sequías, aumentos en el nivel del mar y blanqueamiento de corales. A su vez, estos azotes de la naturaleza generarán daños significativos a la agricultura y al turismo, mientras que varias comunidades están en constante peligro de perder sus viviendas ante el embate de los desastres naturales.

Para colmo, muchos de estos países no tienen los ingresos suficientes para hacer frente a este importante reto, y la baja presión fiscal limita aún más a los gobiernos a la hora de realizar las inversiones necesarias en infraestructuras para la adaptación climática.

Al respecto, en una especie de mea culpa implícito, los países desarrollados en varias ocasiones han llegado a acuerdos para disminuir las emisiones y lograr la neutralidad para el año 2050, de forma que no lleguemos a un punto de no retorno. De igual forma, los países ricos han prometido importantes mecanismos de financiamiento para que los países en vías de desarrollo puedan financiar su transición energética.

Sin embargo, como dice la frase popular, del dicho al hecho hay mucho trecho. Muy pocos países han logrado las metas de reducción de emisiones, y los esquemas de financiamiento y asistencia económica todavía brillan por su ausencia. Mientras tanto, los países como la República Dominicana siguen pagando los estragos del cambio climático.

En definitiva, así como el cambio climático es una realidad indiscutible, así lo es la injusticia climática, donde nos toca pagar a justos por pecadores y cargar con los costos de los estragos generados por una civilización que durante siglos abusó de la madre naturaleza.

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