Opinión

Por: Carlos Manuel Manzano | El pasado 10 de noviembre se hizo pública, a través de una rueda de prensa, la ampliación de la Alianza denominada Rescate RD, acordada entre varios partidos políticos, encabezada por el Partido Revolucionario Dominicano (PRD), la Fuerza del Pueblo (FP) y el Partido de la Liberación Dominicana (PLD).

La Alianza Opositora Rescate RD anunció en ese momento acuerdos a nivel municipal en 145 alcaldías, incluida el Distrito Nacional, y 215 direcciones de juntas de distritos municipales, para un total de 360 territorios municipales, cubriendo el 91% de la geografía nacional.
La alianza incluye las grandes plazas comiciales como: San Juan de la Maguana, San Francisco de Macorís, Higüey, Moca, San Pedro de Macorís, Santo Domingo Oeste, Santo Domingo Norte, Santiago de los Caballeros y el Distrito Nacional.

Al día siguiente del anuncio del alcance del pacto, el presidente del Partido de la Liberación Dominicana (PLD), al referirse al pacto de alianza dijo que “se llegó a un acuerdo porque se trata de una alianza de buena fe”.

Agregó que “los firmantes han antepuesto el futuro del país a los intereses particulares o partidarios, reiterando las dificultades para arribar a lo acordado y las barreras que debieron superarse”.

También dijo que el PLD garantiza el cumplimiento de lo acordado, aunque estarán siempre promoviendo sus propuestas y candidatos.
De igual forma, el expresidente Leonel Fernández destacó que el pacto firmado entre los partidos Revolucionario Dominicano (PRD), de la Liberación Dominicana (PLD) y Fuerza del Pueblo es «un salto hacia adelante» en la conformación de un gran bloque opositor.

Asimismo, expresó que los partidos que encabezan la coalición están unidos en busca de trabajar a favor de la familia dominicana, la economía y los precios de la canasta básica.

Por lo visto, los tres Presidentes de los partidos aliados han dado muestra, a través de sus expresiones, de disposición e interés de llevar dicho acuerdo hasta el final.
Si bien es cierto que lo proclamado esta vez abarca, en su mayor parte, las elecciones municipales a celebrarse en febrero de 2024, no menos cierto es que el interés principal de los principales partidos que encabezan dicha alianza está en las elecciones de mayo 2024, por lo que se podría decir que lo que ocurra en febrero es determinante para las proyecciones de mayo.

A razón de los niveles de lealtad que se muestren en las votaciones de febrero, en ese mismo orden se pudiera proyectar lo que ocurrirá en las elecciones nacionales de mayo, sobre todo las presidenciales.

Si se muestra entusiasmo de parte de todas las militancias que conforman Rescate RD, y acuden a votar en masa por los candidatos de sus partidos y aquellos que decidieron apoyar de otros partidos aliados, se estarían honrando debidamente los acuerdos, y ello podría arrastrar buenos resultados para la oposición en una eventual segunda vuelta electoral.

Por el contrario, si gran parte de los electores aliados muestran cierta apatía y deciden quedarse en su casa o votar por otros candidatos que no pertenezcan a la alianza, ello denotaría cierta deslealtad en los compromisos asumidos por las direcciones políticas, y a la vez, podría arrastran serios inconvenientes para los propósitos de la referida alianza.

La lealtad resulta, quizás, uno de los ingredientes básicos de la política, porque ningún proyecto político puede construirse y prosperar sin leales.
Y es obvio que a veces ser leal es complejo y difícil. Lo hemos visto en varias ocasiones recientemente. Los leales parecen no tener espacio en la política actual donde prima el interés particular, antes que la integridad y los ideales.

Hemos visto estos días cómo la política ha puesto a prueba esta cualidad, la del sentimiento de respeto y fidelidad a los propios principios morales, a los compromisos establecidos o hacia alguien. Es fácil ser leal en la abundancia, pero, por lo que se ve, muy difícil en la escasez.

La lealtad política es una opción que se le presenta a todos los partidos políticos y especialmente a aquellos ubicados en la oposición. Estos partidos no cuentan con las ventajas del espacio de poder principal en el presidencialismo, el Poder Ejecutivo, por lo que sus incentivos para generar entusiasmo son menores que entre quienes son parte del gobierno.

En estos tiempos es demasiado usual, lamentablemente, ver a políticos que van de aquí para allá como auténticas veletas según el viento les sea más favorable. Hoy son leales a un líder y mañana bailan sobre su cadáver, jurando lealtad suprema al líder contrario.

Pero sobre todas las cosas, la lealtad máxima debe siempre ser a sus propias convicciones, a las que le dicte su propia conciencia. Cuando un político es fiel a sus principios y valores, podemos estar de acuerdo con él o no, pero siempre será digno de respeto por su autenticidad, coherencia e integridad.

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