Opinión

POR ALBERTO QUEZADA | El escenario internacional está revuelto. El mundo está convulsionado por conocidas crisis que vienen afectando los mercados, muestra de ello son los aumentos en el precio del petróleo. Estos movimientos geopolíticos, obviamente, impactarán las cotizaciones de hidrocarburos y materias primas.

Con sobrada razón el estratega y ex asesor del Departamento de Estado de los Estados Unidos, Zbigniew Brzezinski, exigía algunos presidentes de la nación de Lincoln en sus días de trabajo, sobre la importancia de examinar el mapa diariamente. Fue lo que él más concretamente llamó hacer Aritmética geopolítica.

El autor del libro “El Gran Tablero Mundial: La supremacía estadounidense y sus imperativos geoestratégicos”, hacia la exigencia dado el hecho de que como los Estados Unidos no había definido su estrategia global que les permitiera mantener su excepcional posición en el mundo era necesaria esa tarea.

Ahora que se observan algunos movimientos geopolíticos de algunos actores en el tablero mundial es que se alcanza a comprender la dimensión y visión de aquella tarea del fino y audaz armador de ideas y conceptos geopolíticos.

Hay que decir que a los Estados Unidos en su menos de 30 años de haberse convertido en la única superpotencia del mundo le han devenido una serie de acontecimientos en el ámbito geopolítico que resultan una muestra clara de olvido de la referida recomendación.

Para muestra varios botones, por un lado, el Medio Oriente se le prendió en llamas y no hay manera de que esa zona sea pacificada, Rusia se recupera y perfila como un actor de primer orden en el tablero geopolítico y varios ámbitos del poder mundial.

Muchos pueblos de América han experimentado un viraje en menos de tres décadas en sus modelos políticos y de gobiernos. Ver los casos Brasil, Venezuela, Ecuador, Bolivia, Uruguay, entre otros.

Y lo más reciente, la agresividad mostrada por la República de China dispuesta a todo a los fines de seguir avanzando en su estrategia comercial de ampliar sus mercados por diferentes latitudes del mundo que tradicionalmente eran plazas o aliados estratégicos de los Estados Unidos.

De manera que, esta inobservancia aparente a las recomendaciones planteada por Brzezinski, no tenían otro interés de que los Estados Unidos mantuviera en estricta vigilancia y control los movimientos de todos los actores en el tablero mundial para evitar posibles virajes y tendencias que pudieran afectar su hegemonía absoluta en ciernes.

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