Opinión

Por: Charlie Nuñez | Lo vimos en un video, despertarse en casa de un pobre para humillarse ante Dios, con reloj Rolex y anillo Cartier, al grabarse es obvio que humilló en ese acto a todos los pobres del país, como si vivir en vulnerabilidad y carencia fuera una decisión.

Le vimos colocar un gigante cruza calle en medio del puente Juan Bosch, un lugar donde está prohibida la publicidad, que alguien que quiera ser alcalde sea un ignorante de las reglamentaciones municipales no importa, pero la respuesta burlona de que lo quitaría el 19 de febrero, habla del personaje en cuestión.

Hay que estar en los pantalones de quienes conceptualizan, planifican y ejecutan un montaje como el espectáculo de Juan Luis y de repente se aparece la imagen irrespetuosa e irresponsable de quienes no saben lo que costó ese montaje ni saben cómo impacta tal acto en la imagen del artista.

Si daño hace la invasión a los derechos de los organizadores, que recuerde yo, eso nunca se había visto, más daño le hace a la candidatura de Dio, el hecho de que declare que ni él ni su equipo sabían nada, por casa eso no pasa, que se invierta un dineral para favorecer a alguien y que él no se entere, en política no es así.

Pero igual, en este gobierno cada vez que meten la pata la cabeza no sabía nada y siempre aparece un tonto útil que dice fue él.

Para mala suerte de Dio, eso sucede el mismo día que Manuel Jiménez, actual alcalde, le cantó los versos, libertad, libertad, libertad.

Al cierre de la campaña, nadie esperaba que fuera de un concierto del inmenso Juan Luis Guerra, un hombre consagrado al señor de donde saltara la chispa que diera el puntillazo final a una candidatura que nació sietemesina y por cesárea.

Cuando el gobierno nos ha cerrado todas las puertas para ver la realidad, cuando nos han querido imponer como verdad lo que no es verdad, es el mismo Dios que manda los mensajes.

últimas Noticias
Noticias Relacionadas