Opinión

Por: Luis García | Los dominicanos se encuentran en la parte final del proceso electoral para la renovación de sus autoridades correspondientes al cuatrienio 2024-2028, sobre el cual existe la opinión mayoritaria de que culminaría con la celebración de elecciones libres, transparentes y honestas.

La integridad electoral no parece en riesgo, a partir de que los órganos electorales gozan del prestigio y la capacidad para garantizar resultados que se compadezcan con la voluntad popular que sea expresada en las urnas.

No obstante a ese panorama, hay que estar prevenidos ante cualquier situación adversa que se registrase en el escrutinio automatizado de los días 18 de febrero, fecha pautada para los comicios municipales, y el 19 de mayo, en los congresuales y presidenciales; una vez se produzca la votación manual.

El Pleno de la Junta Central Electoral ha reiterado que no existen razones para temer. De todas maneras, una reflexión de alerta y prudencia no sobraría. Y es que, desde la irrupción masiva de la Internet a nivel mundial, a partir de la década de 1980, se ha reconfigurado un nuevo paradigma de la información que se ha convertido en un desafío para las instituciones.

La humanidad está sometida a los rigores de la inteligencia artificial, la cual tiene por objeto que los ordenadores realicen funciones que puede hacer la mente humana. La inteligencia artificial no es una dimensión única, sino un espacio profundamente estructurado de capacidades diversas para procesar información, como la que genera un proceso de votación.

Resulta innegable que si algo hacen los órganos electorales un día de elecciones radica en el procesamiento de los votos y las novedades que surgen en los Colegios Electorales. Este cúmulo de información electoral deviene, por su naturaleza, en una complejidad de intereses en la lucha por el poder político.

La inteligencia artificial de última generación constituye algo extraordinario. Brinda en abundancia máquinas que realizan procesamiento de información. No hay una llave maestra, no hay una técnica primordial que unifique ese campo.

La lucha por el poder es compleja. Los sistemas de Partidos Políticos y Electoral se encuentran en el centro de esta lucha, aunque con roles distintos.

Las narrativas sobre fraude electoral se han vuelto cada vez más comunes desde las elecciones presidenciales de 2020, en las cuales el entonces presidente y candidato republicano, Donald Trump aseguró, sin pruebas, que los comicios fueron “robados” para favorecer al demócrata Joe Biden, que acabó ganando esa votación.

El hecho ha llamado la atención de los sistemas electorales de América Latina, debido a que se trata de sociedades que suponen mayor debilidad institucional que Estados Unidos.

Los actores de los sistemas de Partidos Políticos y Electoral de la República Dominicana deben manejarse en medio de esa realidad informativa sin precedentes en la historia de la humanidad. La credibilidad y la confianza en los administradores y los juzgadores de los procesos electorales son fundamentales.

En todo caso en que, en este mundo bajo el dominio de la inteligencia artificial, por motivos endógenos o exógenos, se apele a la desinformación luego de las votaciones o que mentes insanas usen la tecnología para intervenir líneas de trasmisión de votos, requiere de estar preparados para evitar confusión en la población.

Nadie aspira, por supuesto, a que esto suceda, pero se trata de softwares programados por humanos.

Vamos animados a la celebración de unas elecciones que se conviertan en triunfo de nuestra democracia, sin dejar de lado el hecho de que cada vez la operatividad de las máquinas se parece más al pensamiento humano.

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