Opinión

Los torrenciales aguaceros que se registraron las primeras horas de la tarde del jueves 4 de julio y hasta entrada la noche colapsaron el tránsito en la capital.

El texto del párrafo de entrada ilustró una llamativa imagen fotográfica de primera página en uno de los diarios nacionales demostrativa de un enorme tapón de vehículos al entrar la noche de ese día.

En julio de 2024 se repitió lo ocurrido en los noviembres de 2022 y 2023, con un trágico balance, incluyendo pérdidas de vida. Sin las pérdidas humanas los aguaceros de ahora volvieron a repetir una situación angustiante en los hogares de los municipios de la provincia Santo Domingo y el Distrito Nacional.

Enormes charcos en las principales vías de las demarcaciones citadas que produjo una reducción en la marcha de vehículos que generaron el gran tapón presentado en los reportes de los noticiarios de televisión esa noche.

Las autoridades meteorológicas y su respaldo del Centro de Operaciones de Emergencias hablaron de un alto nivel pluviométrico en un tiempo breve.

Hasta se ha recurrido al cambio climático para explicar esa tendencia de acumulación de agua por las lluvias en apenas dos o tres horas.

Aunque se quiera evadir, esas inundaciones tienen una responsabilidad en el sistema del drenaje pluvial, que administran los ayuntamientos, que deben recibir el respaldo del gobierno central.

Esa responsabilidad se ha quedado en los simples anuncios, de que se van a realizar las reparaciones de lugar.

A la desatención en los drenajes se le suma el abandono en instalaciones públicas, como los pasos a desnivel y el llamativo caso del parque de Las Praderas.

Desde que se nubla los habitantes del Gran Santo Domingo entran en pánico por las penurias que le espera al peatón o automovilista para llegar a sus hogares, después de una jornada laboral.

Tensiones entre los conductores, la desesperación por llegar se manifiestan con mal humor y tensión.

A la somatización de esa situación estresante se suma el alto consumo de combustibles, la contaminación y la cantidad de vehículos y edificaciones afectadas por las inundaciones.

La lluvia, motivo de canciones y poesías, ha pasado a ser estímulo para el pánico y miedo generalizado. Uno de los logros del llamado Cambio.

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