Hablan los hechos

Cachemira: Ficha discordante entre titanes

En occidente, el día 14 de febrero ha sido concebido como una fecha propicia para celebrar los lazos de amor y amistad, una especie de manifiesto muy mercadeado, que durante siglos ha procurado enarbolar lo mejor de nuestra condición humana. Lo evidente, sin embargo, es que este espíritu de unión y confraternidad no parece haber encontrado terreno fértil en el sur de Asia, donde dos potencias llevan décadas luchando por hacerse de un terreno que consideran propio.

Hablamos pues de Cachemira, una disputada región ubicada al sur de la cordillera de los Himalayas, cuyo peculiar origen hizo de ella una especie de epicentro geopolítico donde convergen China, Pakistán e India. No obstante, serían estas dos últimas naciones las que mayor interés mostrarían sobre la conflictiva región, incurriendo en todo tipo de tácticas para tratar de mellar la influencia del otro.

Así quedó evidenciado el pasado mes, cuando al menos unos 45 miembros del ejército indio murieron en la citada fecha, luego de que un atacante suicida interceptara a un convoy policial de la India en un vehículo lleno de explosivos. El ataque fue atribuido al grupo terrorista islamista Jaish-e-Mohammad (ejército de Mahoma), que según las denuncias de las autoridades indias, han recibido protección y respaldo de las autoridades pakistaníes, lo que supuso un nuevo foco de tensión.

De hecho este grupo, que tuvo su origen en el año 2000 de la mano del clérigo Masood Azhar, ha sido responsable previamente de los principales ataques terroristas en la India, incluyendo el Parlamento, lo que le puso en la mira internacional e hizo que para el 2002 Pakistán les declarara (al menos públicamente) como agrupación ilegal. A pesar de ello, en el terreno se ha evidenciado que la realidad es otra, pues sus miembros poseen campos de entrenamiento, escuelas coránicas, y facilidades de financiamiento en territorio pakistaní, todo lo cual hizo que esta nación se viera aislada dada la desconfianza de los países vecinos.

Pero más allá de los presentes hechos, ampliamente comentados a nivel internacional, entender la rivalidad existente entre estas dos naciones requiere que nos traslademos al origen de la misma, que no es más que el momento en que se produjo la independencia el 15 de agosto del 1947. Previo a este acontecimiento ambas eran parte de una antigua colonia, conocida como la “India británica”, bajo el protectorado del Reino Unido.

Tras aprobarse la descolonización, se había generado entre las autoridades británicas la interrogante sobre cómo resolver la problemática que generaba el tema religioso, ya que además de hindúes, en la zona habitaban una considerable comunidad musulmana. Esto llevó a la designación del abogado Cyril Radcliffe como responsable de la Comisión de Límites, cuya encomienda sería procurar una partición proporcional del territorio, dando lugar a la creación de dos naciones.

Lo polémico de aquella ocasión, según datos históricos, es que Radcliffe, quien nunca había estado en la colonia india, contaba solo con cinco semanas para resolver aquel impasse previo al retiro de las tropas británicas, lo que le obligó a adoptar un criterio pragmático pero poco estudiado para la división. Esto llevó a que aquella nueva frontera de unos 2,900 km, se convirtiera en lo adelante en una herida abierta, dado que hubo comunidades que quedaron atrapadas en territorio contrario, dando inicio a una violencia sin cuartel que dejaría un saldo de 1.5 millones de víctimas mortales y que generó una movilización masiva de al menos 12 millones de personas.

En estas confrontaciones estaría envuelta Cachemira, como uno de los puntos no resueltos tras las divisiones independentistas, ya que a pesar de que su población era y sigue siendo mayoritariamente musulmana (representan un 65%), se tenía estipulado que las autoridades locales eligieran libremente a qué nación deseaban pertenecer. Sin embargo, dado que el gobernante era hinduista, éste decidió unilateralmente pertenecer a la India, lo que desencadenó el conflicto interno.

Inmediatamente Pakistán decidió interceder a favor de los musulmanes, invadiendo la región y generando la reacción de la India, que decidió proteger lo que consideraba su territorio tras el “Instrumento de adhesión” firmado por el gobernante de Cachemira. La guerra que tuvo lugar a partir de aquel momento tuvo por resultado la partición del territorio, y sería solo el punto de partida de una enemistad que ya ronda las 7 décadas de historia.

Desde entonces ambas naciones se han enfrentado abiertamente en reiteradas ocasiones, siendo las más sonoras en 1965 y 1971, donde India apoyó a un movimiento independentista de Pakistán Oriental, lo que devino en la creación de Bangladesh. En aquel entonces se creó la “Línea de control”, una frontera de 700 km, que divide hasta hoy a Cachemira entre las dos potencias.

Para 1984 la India volvió a arrebatar a Pakistán una porción del territorio bajo su control en Cachemira, al hacerse con el glaciar Siachen. Sin embargo, la nación musulmana devolvería el golpe para 1999, cuando infiltrándose en india dieron inicio a una guerra que se extendió hasta el 2003, momento en el cual los gobiernos de ambos países se vieron compelidos a firmar un armisticio que finalmente no cumplirían.

De hecho, las incursiones militares tendrían un repunte a partir del 2016, donde hasta la fecha las autoridades pakistaníes han violentado el cese al fuego en 2,936 ocasiones, mientras que las autoridades en Nueva Delhi lo han hecho en 1,300. A todo esto, pese a que el conflicto territorial ha pasado a ser parte del modus vivendi en esta convulsa región, la preocupación subyace en el potencial real que ambas naciones tienen para hacerse daño.

En efecto, es necesario ponderar que tanto India como Pakistán son al día de hoy potencias nucleares, donde la primera posee 140 ojivas y tiene el 4to. ejército más poderoso del mundo, al contar con 4.2 millones de soldados. Por su lado el ejército pakistaní cuenta con 150 ojivas nucleares y 920,000 soldados, cifras que nos brindan una idea del poderío militar.

Por suelte, es esa misma capacidad de destrucción mutua lo que brinda cierto control y evita una eventual escalada de las hostilidades, como se ha evidenciado tras la reacción de las autoridades indias al ataque del pasado 14 de febrero, donde tras una sorpresiva y fallida incursión aérea en territorio pakistaní, ambas partes han procurado el diálogo. Aun así es poco probable que Cachemira no siga siendo en un futuro próximo la ficha discordante.

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