Daniel Cruz
Con el aumento exorbitante de los precios de los materiales de construcción, llámese cemento, bloques, varillas, alambres, clavos, entre otros, se les ha dificultado más a los pobres la adquisición de una vivienda.
Sé de un sobrino mío que no vino de Estados Unidos en diciembre a pasar el fin de año con la familia, pero tuvo que hacer un viaje repentino ahora para los trámites de reajuste de precios de un apartamento que adquirió en plano. El contrato que había suscrito contempla esa eventualidad.
Ese es un caso. Y qué decir de los pobres de nuestros barrios que duran hasta ocho y más años levantando sus viviendas con los pesos adicionales que reciben en diciembre con el doble, por ejemplo. Todos conocemos a alguna familia que con el doble echan en diciembre o enero de cada año unas columnas o varias líneas de bloques, y lo mismo hacen otro año, y otro hasta que paso a paso terminan su casita. Esos dominicanos vieron reducidas las posibilidades de avanzar su construcción en este diciembre y enero porque la carrera alcista de los precios de los materiales ferrerteros aventajó con creces el flujo tradicional de sus recursos familiares.
¿Qué decir de la alimentación? Escuché a Juan Bosch expresar en varias ocasiones que los pobres enfrentan los procesos inflacionarios sacrificando calidad de vida, la salud y hasta la vida misma.
Los ricos y los miembros de clase media alta sacrifican la calidad del queso, del vino, el viaje a Disney con los hijos o el reasort del año; hacen algún recorte en la casa. Quizás salgan del jardinero y le paguen ese trabajo a alguien por tarea hecha; en fin, el pudiente hace reajuste que no inciden en su salud ni en su vida.
El caso del pobre es muy diferente. Como este solo puede adquirir lo indispensable, se ve obligado a enfrentar la carestía de los alimentos sacrificando calorías. Simplemente come menos. En el rancho que se compraban diez panes para la cena o el desayuno, se compran siete u ocho; donde se servían cuatro o cinco huevos se hierven tres; proporcional reducción se hace en el arroz, la carne, las habichuelas, los espaguetis, los víveres y los demás productos de las cocinas de nuestros pobres, cuyos precios se han trepado hasta las nubes.
Es lamentable que esto esté ocurriendo. Y sobre todo en un gobierno que vendió la idea de que en él viviríamos mejor. Puestos ante la realidad del triunfo de Abinader muchos deseábamos en el fondo que Abinader y el PRM gobernaran mejor que Danilo y el PLD; después empezamos a conformarnos con que gobernaran por lo menos como aquellos. Ahora, motivados por lo feo que pinta esto, hemos bajado la mira de las aspiraciones y hemos empezado a rezar para que por lo menos se acerquen a como lo hicieron sus antecesores. Caer en el abismo, hacia donde nos dirige tanta incompetencia, será peor para todos.